Mariana Pajón es novia y maestra al mismo tiempo


Señal Colombia
31 / 03 / 2017

Imagine que usted es el novio de Mariana Pajón. Suscitaría envidia entre sus amigos, tal vez, pero también aprendería del amor a la distancia y de la comprensión y de la paciencia. Sobre todo de la paciencia. Porque, como lo dijo tantas veces ella ante preguntas mediáticas –ante preguntas entrometidas en su vida íntima–, “sólo tengo tiempo para el BMX”.

Imagine que se aman, pero al mismo tiempo debe entender que ella entrena siete horas diarias desde los 14 años, que debe dormir para que su cuerpo se recupere de tanta exigencia, que a veces lee libros que le recomiendan sus entrenadores mentales, que desde hace años no dura más de dos semanas seguidas en Medellín (asistió 30 días a lo sumo en el undécimo grado).

No puede reclamarle un lugar exclusivo en su vida porque ella puede disputar hasta 40 carreras en el año y porque en los pocos tiempos sin competencia cumple compromisos con patrocinadores y, en especial, con los medios. Imagine que los momentos juntos serán emocionantes, pero a la vez efímeros y restringidos, porque en el cine, se han pasado por las filas para pedirle un autógrafo, en los restaurantes interrumpen su comida para solicitarle una foto, porque en los lugares públicos hasta le han pasado teléfonos celulares para que salude a un cualquiera que dice amarla al otro lado de la línea.

Será muy difícil, estimado enamoradizo de Mariana. No lo sería (y lo comprobará en esta nota) si usted es bicicrosista, como el actual novio de la medallista olímpica. Su nombre es Vincent Pelluard, nació hace 23 años en Joué-Lés-Tours, Francia, y se inclinó por el BMX a los cinco años porque a esa edad no podía entrar a escuelas de fútbol. A Mariana la conoció por inercia: por el BMX. Por supuesto.

A finales del 2012, el antioqueño Carlos Ramírez lo invitó a que realizara la pretemporada en Medellín, ante el invierno francés de esa época. La conoció en uniforme en la pista de Belén, mantuvieron la comunicación a distancia y en el Mundial de Nueva Zelanda (el 28 de julio) se ennoviaron. Desde diciembre está yendo y viniendo a Colombia. No se despegan, dice él con una amabilidad inmodificable.

“Quiero aprender español y tengo buena motivación… Mariana me enseña”, asegura emocionado porque, explica, nunca lo habían entrevistado vía telefónica en nuestro idioma. “Me gusta decir ‘pista bacana’, ‘parcero’, todas esas cosas paisas… Mariana me dice que mi español está bueno, ¿no crees?”, añade entre risas inocentes.

En la familia Pajón Londoño, sobre todo, le han enseñado palabras nuevas. Él las anota en un cuaderno que lleva siempre consigo en el maletín (“en el moral”, diría él, con una sola r). Después se las pregunta a Mariana, con quien se comunica en inglés (y a veces en francés) y así, entre verbos y oficios compartidos, se siguen enamorando.

Lo que más le ha llamado la atención de convivir con Mariana es su reputación de diva. “Es como nuestro Zinedine Zidane”, dijo hace un tiempo en un medio francés. Sin embargo, los ataques diarios a la intimidad de su novia no lo espantan ni lo sorprenden. “Lo que hizo en Londres fue increíble. No es porque sea mi novia… Es la mejor en la bici… ¡Monta como un hombre! (risas)! Pero ella es mejor persona. Tiene todo en su vida y al mismo tiempo está lista para ayudar y compartir con el mundo”.

A veces el BMX, que paradójicamente los unión, los separa por lapsos. Pero a juzgar por cómo se expresa, seguramente los tiempos muertos no serán obstáculos. “Es una persona que quiero mucho. Ella es muy simple. Sonríe siempre… esto… es una conexión inexplicable”. Suspira. 

Foto: EFE.