La escena cultural colombiana despide a Manuel Sánchez, una de las figuras más significativas del teatro en Barranquilla y un referente indispensable para las artes escénicas del Caribe colombiano. Su partida, ocurrida el pasado 30 de enero a sus 65 años, deja un profundo vacío, pero también una herencia artística y humana que seguirá viva en los escenarios, en los públicos formados y en los procesos culturales que ayudó a construir a lo largo de décadas de trabajo incansable.
Artista integral, narrador oral, titiritero y gestor cultural, Manuel Sánchez entendió el arte como una herramienta de encuentro, memoria y transformación social. Su trayectoria estuvo marcada por una profunda vocación de servicio y una convicción inquebrantable: el teatro no es solo espectáculo, sino un acto de diálogo con la comunidad y un espacio para pensar el mundo desde la sensibilidad y la imaginación.

Manuel Sánchez y la construcción de un teatro con sentido social
Formado junto a grandes maestros y colectivos fundamentales del teatro colombiano, como Vicky Hernández y el Teatro La Candelaria, Manuel Sánchez desarrolló una mirada crítica y comprometida con las realidades sociales del país. Estas influencias se reflejaron en su trabajo artístico y pedagógico, siempre orientado a la creación de lenguajes cercanos, honestos y profundamente humanos.
Su labor trascendió el escenario para convertirse en un ejercicio constante de formación de públicos, especialmente de niñas, niños y jóvenes, convencido de que el acceso al arte es un derecho y no un privilegio. Desde esta perspectiva, impulsó procesos pedagógicos emblemáticos como Aula Mágica, un proyecto que acercó el teatro, la narración oral y el juego creativo a múltiples comunidades, fortaleciendo el vínculo entre arte y educación.
Luneta 50: un espacio que transformó la escena cultural del Caribe
Uno de los mayores aportes de Manuel Sánchez al teatro colombiano fue la creación y dirección de la Fundación Luneta 50, un proyecto cultural independiente que se consolidó como uno de los espacios escénicos más importantes de Barranquilla y la región Caribe. Luneta 50 no fue solo una sala de teatro, sino un punto de encuentro ciudadano, un lugar para la circulación artística, la reflexión colectiva y la apropiación cultural.
Bajo su liderazgo, Luneta 50 se convirtió en un referente nacional de gestión cultural independiente, acogiendo festivales, talleres, residencias artísticas y procesos comunitarios. Manuel Sánchez defendió siempre la importancia de estos espacios como territorios de convivencia, creación colectiva y construcción de ciudadanía, especialmente en contextos donde el acceso a la cultura suele ser limitado.
La narración oral y el arte de contar historias
Como narrador oral y titiritero, Manuel Sánchez desarrolló un lenguaje escénico sensible y cercano, integrando la música, el cuerpo y la palabra para conectar con públicos diversos. Su trabajo en este campo reafirmó la tradición oral como una forma viva de transmisión cultural y como un puente entre generaciones.
En cada relato, en cada función, Manuel Sánchez apostó por la escucha, la emoción y la memoria compartida, recordándonos que contar historias es también una forma de resistir al olvido y de afirmar la identidad cultural.
Puedes leer: Cumbia: el latido eterno del alma colombiana
Manuel Sánchez: un legado que permanece
El legado de Manuel Sánchez trasciende su obra artística. Permanece vivo en la comunidad teatral que formó, en los procesos culturales que sembró y en la convicción colectiva de que el arte es esencial para el desarrollo humano y social del país. Su vida fue testimonio de que la gestión cultural independiente, cuando se ejerce con ética, pasión y compromiso, puede transformar territorios y fortalecer el tejido social.
Hoy, el teatro colombiano honra a Manuel Sánchez no solo recordando su trayectoria, sino continuando el camino que él abrió: el de un arte comprometido con la gente, con la memoria y con la posibilidad de imaginar un país más sensible, más justo y más humano.


