El Viche, bebida ancestral del Pacífico colombiano, fue oficialmente reconocido como Paisaje Cultural y Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional tras la entrega del Plan Especial de Salvaguardia (PES) por parte del Ministerio de las Culturas. Más que un destilado, se trata de un sistema vivo que conecta territorio, memoria, espiritualidad y dignidad afrodescendiente.
Colombia es un país de regiones diversas, de sabores que cuentan historias y de tradiciones que sobreviven gracias a la resistencia cultural de sus pueblos. En el litoral Pacífico, entre ríos caudalosos, selva húmeda y comunidades afrodescendientes que han hecho de la memoria un acto cotidiano, el Viche se erige como símbolo de identidad y arraigo.
El pasado 28 de febrero, en Tumaco, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes entregó oficialmente la Resolución 0760 del 30 de diciembre de 2025, mediante la cual se adopta el Plan Especial de Salvaguardia del Paisaje Cultural Vichero. Con este acto, el Gobierno Nacional eleva esta manifestación a Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional.
La ceremonia, realizada en la Biblioteca Municipal Piedad Ayora de Quiñones, reunió a maestras y maestros vicheros, autoridades étnicas y delegaciones de Cauca, Nariño, Chocó y Valle del Cauca, en un encuentro que fue más que institucional: fue un reconocimiento a décadas de resistencia cultural.
Un paisaje que es territorio, memoria y espiritualidad
Hablar de Viche no es hablar únicamente de una bebida tradicional. El enfoque del Plan Especial de Salvaguardia como “Paisaje Cultural” reconoce que la protección no se limita a la técnica de destilación. Abarca todo un sistema integral:
La siembra de caña nativa en pequeños lotes colectivos.
La transmisión de saberes entre generaciones.
La espiritualidad del Muntú Bantú, que conecta a los vivos con sus ancestros y la naturaleza.
La relación armónica con la biodiversidad de la selva húmeda tropical.
El paisaje vichero integra territorio, economía comunitaria, memoria histórica y cosmovisión afrodescendiente. Durante décadas, esta tradición fue estigmatizada; hoy es reivindicada como parte fundamental de la riqueza cultural de Colombia.
Autonomía económica y dignidad comunitaria
Uno de los anuncios más significativos fue la entrega de 1.000 acreditaciones de Calidad Vichera, reconocimientos formales a portadores y portadoras que han sostenido la tradición. La acreditación número mil fue otorgada simbólicamente a una mujer adulta mayor, homenajeando el papel histórico de las mujeres afro en el cuidado del fogón y la vida comunitaria.
Además, se destacaron avances en:
El cumplimiento de la Consulta Previa mediante 52 encuentros territoriales.
La segunda fase de recolección de muestras junto con el INVIMA para la Resolución Sanitaria de Derivados.
Estos pasos fortalecen la comercialización legal y la sostenibilidad económica de las familias productoras, dignificando una práctica que durante años se mantuvo en la informalidad.
Infraestructura para la memoria del Pacífico
En la Escuela Taller de Tumaco se entregaron certificados a aprendices que participaron en la adecuación de la sala de exposición “Historias y Memorias del Litoral Pacífico Sur”. A través de la formación en oficios como albañilería y ebanistería, se fortalece el relevo generacional y se consolidan espacios donde se narra la historia del territorio.
El reconocimiento del Viche como Paisaje Cultural es también una apuesta por la paz y el desarrollo rural desde la cultura. Implica reconocer que la identidad del Pacífico es un pilar de la nación y que proteger sus saberes es proteger la diversidad colombiana.
No te lo pierdas: Germán Castro Caycedo: el cronista que narró el país profundo
El Viche como símbolo de la riqueza cultural colombiana
Desde el Caribe hasta la Amazonía, desde los Andes hasta el Pacífico, Colombia es un mosaico de tradiciones que dialogan con la naturaleza y la historia. El Viche, nacido en los fogones del litoral Pacífico, es hoy un emblema de resistencia, de dignidad y de orgullo afrodescendiente.
Su salvaguardia no solo preserva una bebida ancestral: protege un sistema de vida, una memoria colectiva y una forma de entender el mundo donde territorio y cultura son inseparables.
En el Pacífico colombiano, el viche no es solo un trago. Es historia destilada. Es comunidad. Es identidad viva.


