“Se siente bien disparar un arma sin hacer daño": Alejandra Usquiano

Alejandra Usquiano soñaba desde muy niña con integrar la selección Colombia de baloncesto. Su madre Janeth también había practicado ese deporte en alguna época. Y ella se sentía rápida y precisa. Le disgustaba bastante el contacto físico y se angustiaba cuando sus compañeras peleaban con las rivales, pero creía que el baloncesto era su disciplina. Lo practicaba en el colegio y en enero del 2007 decidió inscribirse en los semilleros del coliseo Iván de Bedout de Medellín, aunque no consiguió hacerlo a tiempo. Debía volver en seis meses para esperar por cupos y mientras tanto, practicar otro deporte.

Las opciones: tenis de mesa, tenis de campo, karate y tiro con arco. Mientras ella estudiaba, un día su amigo Santiago Agudelo visitó el Inder y la llamó para contarle sobre las posibilidades. “Metámonos ambos en tiro con arco, es algo nuevo y sólo por seis meses. Después vuelves a baloncesto”, le dijo. Y ella se imaginó entonces la película de Robin Hood. Era su única referencia del tiro con arco. Y aceptó sin muchas pretensiones. El 7 de febrero de ese año tiró su primera flecha. “Me dieron un recurvo de madera. Fue difícil abrir el arco, pero cuando disparé sentí que liberé algo, que con esa flecha se fueron muchas cosas”, recuerda Alejandra. Le dio al blanco, pero no al centro amarillo.

A medida que avanzaban las clases (dos veces por semana, cada sesión de una hora) se le caían menos flechas. Luego el entrenador Ángel Barrios le pasó un arco compuesto: falló menos y se enamoró más. “Además, me dijo que me animara a quedarme en esta disciplina. Me aseguró que no había casi mujeres en esta modalidad y que me convertiría en campeona del mundo si lo hacía”. No tenía mucho qué perder: en el Inder no cobraban por las clases y la Liga le proporcionó un arco para ella.

En agosto de ese mismo año, participó en un nacional en Pereira, donde ganó oro y plata como novata. “¿Si vas a seguir?”, le preguntaron en casa al regresar. Su padre Edgar había sido ciclista aficionado y su mamá Janeth basquetbolista. No sabían mucho de arco, pero decidieron apoyarla cuando se inclinó definitivamente por este deporte. “Sí”, respondió muy segura. Y el baloncesto pasó al olvido.

“Me enamoró todo de este deporte.Se siente bien disparar un arma sin hacer daño y disparar una flecha que me ayuda a descargar rabias y frustraciones. Además, esto sólo lo practican damas y caballeros. Aquí hemos aprendido a ser personas, a ser tolerantes y a jugar limpiamente”, asegura Alejandra. Con el tiro con arco salió por primera vez del país: primero a Venezuela, luego a México, después a Turquía y Eslovenia. Y así.

El tiro con arco le cambió su cotidianidad. Desde hace un tiempo se levanta todos los días a las 5:00 a.m., y coge el mismo bus que la deja a las 6:00 a.m. al frente de la Unidad Deportiva. Realiza preparación física y a las 8:30 dispara en todas las modalidades. Al mediodía se regresa caminando a casa y en la tarde asiste a la universidad, en la que cursa sexto semestre de fisioterapia.

Sólo algunos la reconocen como una de las mejores arqueras del mundo en arco compuesto. Tiene más reputación fuera de Colombia, en países como Turquía con más tradición de tiro. Pero aquí, la mayoría de veces pasa desapercibida porque esta disciplina es poco conocida. Le han llegado a proponer incluso que la contratan como francotiradora. Pero a ella le interesa poco o nada la fama, porque ya cumplió su sueño: representar a Colombia por el mundo.

#DatoDeportivo 

La antioqueña de 21 años ya ganó su primera medalla en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014. Se adjudicó la plata en equipos junto con Sara López y Aura Bravo.