El Super Bowl es, quizá, uno de los rituales más “gringos” que hay, un espectáculo diseñado para reafirmar la identidad estadounidense tanto en el deporte como en el entretenimiento, una narrativa para demostrar el poder global del territorio. Por eso, que el artista puertorriqueño Bad Bunny haya convertido el show de medio tiempo en una celebración explícita de la cultura latina, cantando en español y cargada de símbolos puertorriqueños y latinoamericanos fue una intervención cultural.
Durante 13 minutos Bad Bunny convirtió el Levi’s Stadium de Santa Clara en una plantación de caña, en un barrio latino, en una boda caribeña en una casita de Puerto Rico y en un espacio donde realmente se vio reflejada América.
Bad Bunny Super Bowl 2026
Reguetón para bailar, canciones para alzar la voz
El show comenzó con un mensaje bajo el nombre de pila de Bad Bunny: “Benito Antonio Martínez Ocasio presenta El espectáculo de medio tiempo del Super Tazón”. Una frase en español que enmarcó toda su presentación, al ritmo de Tití me preguntó, Yo perreo sola y Voy a llevarte pa’PR comenzó este espectáculo lleno de ritmo, energía, baile y simbolismos.
Entre canción y canción, el artista dejó claro que su música también es discurso político, así como cada uno de los elementos que lo acompañó durante el show.
Las canciones Lo que le pasó a Hawái, interpretada junto al también puertorriqueño Ricky Martin, y El apagón fueron los ejes políticos de una presentación que habló sobre colonialismo, gentrificación, apagones, desplazamiento y resistencia cultural en Puerto Rico, un territorio estadounidense sin soberanía ni voto presidencial.
“Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón, batería y reggaeton”, canta Bad Bunny en esta canción como una crítica directa a la apropiación cultural hacía quienes consumen lo latino como tendencia, mientras marginan, criminalizan o expulsan a quienes lo encarnan. El artista habla sobre la historia del territorio y de una cultura que no se puede imitar sin reconocer sus raíces.
En un contexto marcado por la campaña antimigratoria de Donald Trump, Bad Bunny optó por no suavizar su mensaje ni “americanizarlo”. Lo hizo en español, con la bandera de Puerto Rico en su mano, aquella de color azul claro, que es asociado al independentismo puertorriqueño, y con referencias históricas que no suelen tener lugar en el escenario más visto de la televisión estadounidense.

“Together we are America”
Uno de los momentos más claros del mensaje llegó al final del show. Tras decir en inglés “God bless America”, Bad Bunny mencionó todos los países del continente y lanzó un balón con la frase “Juntos somos América”.
Ese gesto resignificó una palabra que históricamente ha sido apropiada por una sola nación. América, en el discurso de Bad Bunny, es un territorio compartido, migrante, mestizo y diverso. Un mensaje incómodo para los sectores conservadores que, incluso antes del show, calificaron su participación como una ofenda a la “grandeza” del país.
No fue gratuito que el propio Trump reaccionara desde redes sociales, ni que sectores de derecha organizaran un espectáculo alternativo. El Super Bowl dejó de ser neutral en el momento en que un artista latino, cantando en español, ocupó el centro sin pedir traducción.

Los símbolos importan (y mucho)
Nada en el show estuvo puesto al azar. La caña de azúcar abrió la presentación como recordatorio del pasado colonial del Caribe, del trabajo forzado y del saqueo económico. El jíbaro, las piraguas, el dominó, la casita rosada y la presencia de Toñita, ícono de la diáspora puertorriqueña en Nueva York, hablaron de comunidad y memoria.
El sapo concho, especie endémica en peligro de extinción, y los postes eléctricos durante El apagón conectaron el espectáculo con los efectos reales de la privatización, la gentrificación y la negligencia estatal tras el huracán María. Y la bandera con azul clarito, símbolo del independentismo puertorriqueño, fue quizá el gesto más político de todos.
Bad Bunny llevó al Super Bowl una historia que normalmente no entra en ese escenario: la de un territorio colonizado que es parte de Estados Unidos, pero nunca del todo.

El tiempo perfecto
El show llegó una semana después de que Bad Bunny ganara el Grammy a Álbum del Año con DeBÍ TiRAR MáS FOToS (2025), el primer disco completamente en español en lograrlo. Un álbum que habla abiertamente de gentrificación, pérdida del territorio y resistencia cultural.
Vale la pena destacar que Bad Bunny decidió no incluir fechas en Estados Unidos durante su gira por temor a que sus conciertos fueran blanco de la policía migratoria.

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Más allá del show, una toma simbólica del espacio
Mientras algunos se preguntaban si “tenía sentido” un artista que canta en español en el Super Bowl, Bad Bunny respondió con hechos: llenó el estadio, dominó la conversación global y convirtió el medio tiempo en una fiesta latina sin traducción simultánea.
En Vega Baja, su pueblo natal, cientos de personas se reunieron frente a una pantalla gigante. No miraban fútbol americano: miraban a uno de los suyos ocupar un lugar históricamente negado.
Más que un show de medio tiempo, la presentación de Bad Bunny fue una declaración cultural hecha desde su idioma, su historia y su territorio.


