5 obras de Beatriz González para entender su legado en el arte colombiano
14 / 01 / 2026

5 obras de Beatriz González para entender su legado en el arte colombiano


Por Lorena Rojas Sarmiento
Lorena Rojas Sarmiento
14 / 01 / 2026
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Las obras de Beatriz González son un retrato de la historia de Colombia, con las imágenes que circularon en la prensa y con una violencia que, lejos de ser abstracta, tiene rostros, gestos y cuerpos concretos. A lo largo de más de cinco décadas, la artista, que falleció el pasado 9 de enero, construyó un lenguaje propio a partir de la repetición, la apropiación y el uso de imágenes populares para interrogar el poder, el dolor y la memoria.

Desde sus primeras pinturas basadas en fotografías de periódico hasta sus intervenciones monumentales en el espacio público, las obras de Beatriz González convirtieron el arte en un lugar de confrontación con aquello que el país prefería no mirar. 

Estas cinco obras permiten entender cómo su mirada fue desplazándose de la ironía política al duelo colectivo, y cómo su trabajo insistió, una y otra vez, en no permitir que la violencia ni sus víctimas quedaran relegadas al olvido.

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Obras de Beatriz González

1. Los suicidas del Sisga (1965)

Los suicidas del Sisga es la obra más reconocida de Beatriz González y marca el inicio de su trabajo con imágenes de prensa y con la violencia social como eje central. La pintura muestra a Antonio María Martínez (25 años) y Tulia Vargas (20 años), elegantemente vestidos, sonrientes y sosteniendo rosas, en una imagen que podría confundirse con una fotografía de boda. Sin embargo, esa felicidad aparente encierra una certeza trágica: ambos sabían que estaban a punto de morir.

Los jóvenes se suicidaron en 1965 en la represa del Sisga, dejando cartas junto a la fotografía que luego circularía en los periódicos. Las versiones sobre el motivo del suicidio nunca fueron claras: algunos hablan de un pacto por amor ante la oposición familiar; otros, de un trasfondo religioso en el que Antonio convenció a Tulia de que la muerte era preferible a un mundo lleno de pecado. Beatriz González no explica ni juzga el hecho: fija la imagen y obliga al espectador a enfrentarse a la incomodidad de esa sonrisa, inaugurando una forma de mirar la tragedia que atravesaría toda su obra.

Obras de Beatriz González: los suicidas del sisga

2. Sr. presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico (1986)

Entre las obras de Beatriz González más destacadas está Sr. presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico toma su título de una frase pronunciada por ministros del gobierno de Belisario Betancur mientras, al mismo tiempo, el Palacio de Justicia ardía en llamas. La obra se inscribe directamente en uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de Colombia: la toma del Palacio por la guerrilla del M-19 y la posterior retoma militar, ocurrida los días 6 y 7 de noviembre de 1985, que dejó 98 personas muertas y al menos 11 desaparecidas.

Beatriz González contrapone dos versiones de una misma escena del poder. En una, el presidente aparece reunido con generales y ministros en un ambiente oscuro y frío; en el centro de la mesa yace un cadáver calcinado, símbolo explícito del horror de esos días. En la otra, la escena se repite con colores vivos y un tono casi festivo, pero el cadáver es reemplazado por un ramo de flores. Con este contraste brutal, la artista expone la distancia entre el discurso oficial y la tragedia, y convierte la pintura en un acto de memoria que cuestiona la indiferencia del poder frente a las víctimas y la impunidad que, décadas después, aún persiste.

Obras de Beatriz González Sr presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico

3. Los papagayos (1987)

Los papagayos es una de las obras de Beatriz González más mordaces y una muestra clara de su lectura crítica del poder político en Colombia. Pintada en 1987, la obra presenta una secuencia horizontal de rostros masculinos repetidos, retratos del entonces presidente Belisario Betancourt y de miembros de las Fuerzas Armadas, vistos de perfil y pintados en un tono rojo-anaranjado plano y saturado. La repetición mecánica de las figuras, desprovistas de individualidad, refuerza la idea de un poder que se replica a sí mismo sin cambios reales.

El título alude directamente a la sátira política: dirigentes que repiten discursos y gestos como papagayos, mientras el país permanece atrapado en una violencia que parece interminable. Con colores estridentes y rasgos simplificados, González convierte la escena política en una comedia amarga, donde los líderes ocupan el centro de la imagen, pero aparecen vaciados de sentido. En Los papagayos, la artista no caricaturiza para hacer humor, sino para evidenciar la repetición, el desgaste y la responsabilidad del poder en la historia del país.

Obras de Beatriz González, los papagayos

4. Las Delicias (1996–1997)

El tono de la obra de Beatriz González cambia de manera radical en la serie Las Delicias (1996–1997). Aquí desaparece la ironía y se impone un duelo profundo, marcado por una paleta sombría y gestos cargados de angustia. Inspirada en hechos violentos ocurridos en distintas regiones del país, entre ellos el ataque a la base militar de Las Delicias, la artista desplaza su mirada de los dirigentes y símbolos del poder hacia las víctimas y sus familiares, especialmente hacia el dolor de las madres.

La serie nace de imágenes de prensa que documentaban masacres como la de Chigorodó, donde 18 personas fueron asesinadas por un grupo armado mientras bailaban en un bar, en una escena en la que los disparos se mezclaron con la música de vallenato. A partir de esos recortes, González retrata e inmortaliza los rostros de los familiares de las víctimas, fijando expresiones de dolor que siguen siendo reconocibles en la Colombia de hoy. En Las Delicias, la artista convierte el sufrimiento en memoria visual y reafirma su compromiso de no permitir que la violencia ni sus víctimas caigan en el olvido.

Obras de Beatriz González: Las delicias

5. Auras Anónimas (2007–2009)

Auras Anónimas es una de las obras de Beatriz González más contundentes y una pieza clave del arte de memoria en Colombia. Se trata de una intervención en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, donde la artista cubrió 8.957 nichos con la silueta de hombres cargando cadáveres, una imagen tomada de la reportería gráfica nacional sobre la guerra. Aunque se repiten ocho patrones, cada figura fue realizada a mano y adaptada al tamaño variable de los nichos, convirtiendo la repetición en un gesto insistente contra el olvido.

La obra fue concebida como un monumento para las víctimas anónimas del conflicto armado, en una ciudad que no contaba con un lugar público para el duelo. “Con esas figuras me propuse construir un símbolo que representara lo que pasaba en el país”, afirmó González, quien pensó la intervención para existir solo dos años. Sin embargo, Auras Anónimas ha sobrevivido casi una década, resistiendo al tiempo y a los intentos de borrarla, y consolidándose como una de las obras más poderosas de su legado artístico y político.

Obras de Beatriz González: Auras Anónimas