La squashista que quiere ser fotógrafa de National Geographic


24 / 11 / 2015
Catalina Peláez combiana la pasión del squash con la fotografía / Facebook Catalina Peláez
Catalina Peláez combiana la pasión del squash con la fotografía / Facebook Catalina Peláez
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- Catalina, qué deporte tan bacano ese, ¿no?

- Sí, Dani. Es muy rápido, quiero practicarlo.

- De una, ¿nos metemos?

De esa manera, sin rodeos, los hermanos Catalina y Daniel Peláez ingresaron al mundo del squash. Estaban recorriendo el club Los Arrayanes de Bogotá y se encontraron con las canchas de un deporte sobre el que sabían muy poco. Alguna vez habían visto a sus amigos llevar a ese lugar unas raquetas muy pequeñas y unas bolas negras de goma. De resto, nada.

Esos amigos, que ya tenían un poco de experiencia, fueron los encargados de enseñarle a los Peláez los golpes básicos, movimientos en la cancha y la manera en que se obtenían los puntos. Cuando se dieron cuenta que tenían habilidad para practicarlo, se inscribieron en clases y de allí pasaron a competir en torneos internos. Comenzaba una sólida relación con esta disciplina, o por lo menos ese fue el caso de Catalina.

En diálogo con Señal Colombia Deportes, Catalina Peláez relató sus comienzos en esta disciplina, el amor por la fotografía y su vida afuera de las canchas.

¿Qué recuerda de sus comienzos en el squash?

Yo tenía 9 años y mi hermano 11. Empezamos a jugarlo por iniciativa de nosotros, fuimos unos precursores (risas). Arrancamos en Los Arrayanes y luego pasamos a El Nogal.

¿Por qué dice que fueron precursores en su familia?, ¿motivaron a alguien para que lo practicara?

Mi mamá entró a tomar algunas clases, pero luego lo dejó. En cambio mi papá lo juega una vez por semana. No es nada profesional, pero eso hace que el apoyo por parte de ellos sea incondicional.

¿Su hermano continuó?

No de manera profesional. Empezó a estudiar en los Estados Unidos y se dedicó de lleno a su carrera. Eso sí, lo practica esporádicamente.

¿Qué la enamoró del squash?

Es un deporte diferente pero completo. Es rápido y debes emplear todo tu cuerpo. Desde pequeña era una persona muy activa y me encantaban los deportes. Entonces este se acomodaba perfectamente a mi perfil.

¿Cuántos deportes practicó antes del squash?

Estuve en los equipos de voleibol, fútbol y basquetbol del colegio como hasta octavo. También escalaba, practicaba golf y ejercía la equitación en Los Arrayanes. Luego de conocer el squash, lo combiné por un tiempo con el fútbol, pero luego solo me quedé con el primero.

¿Segura que esos fueron todos?

No, también el taekwondo. Lo había olvidado (risas).

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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¿Cómo llegó al profesionalismo?

Empecé a ganar muchos torneos en Colombia y el siguiente reto era participar en los abiertos de Canadá y Estados Unidos en la categoría juvenil. Me fue bien y varios reclutadores de equipos universitarios estadounidenses me propusieron una beca. En ese momento no podía.

¿Por qué?

Estaba como en noveno y me faltaban tres años para graduarme del colegio.

¿Y perdió la oportunidad?

Claro que no. Durante ese tiempo nos mantuvimos en contacto y cuando llegó el momento acepté la propuesta del Trinity College en Connecticut. Entré a estudiar algo así como artes. Me gradué el año pasado con opción en arquitectura y otra en italiano

¿Qué condiciones le vieron los entrenadores de allá?

Me dijeron que era una jugadora diferente, muy buena por la rapidez. Querían que desarrolláramos un proceso con ellos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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¿Cómo combina su carrera con el squash?

Me encanta tomar fotos. Quiero hacerlo mientras pueda jugar squash. Estoy buscando la manera de mostrar mi trabajo a más personas. Quisiera ser fotógrafa de viajes en National Geographic o algún medio por ese estilo.

¿Qué prefiere: un partido de squash o salir a tomar fotografías?

Los dos me apasionan mucho, pero de diferentes maneras. En la fotografía estás tú solo, relajado y necesitas paciencia. El squash es mucho más rápido y sientes la adrenalina.

¿En dónde ha hecho sus mejores capturas?

En Ciudad del Cabo, Suráfrica. Me encantó esa ciudad por sus paisajes, su gente, los animales y los atardeceres. También me quedo con un safari que hice por Botswana y Zambia.

¿Y en Colombia?

Caño Cristales en el Meta. ¡Espectacular!

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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¿Le falta algún sueño por cumplir en el squash?

La medalla de oro en los Juegos Panamericanos. Es a lo máximo que podemos aspirar en el ciclo olímpico. También sueño con entrar en el top diez del ranking mundial.

¿Qué significado tiene Miguel Ángel Rodríguez en su carrera?

Tenemos una relación muy especial porque hemos sido amigos desde pequeños. Siempre entrábamos a la cancha juntos porque el papá de él fue profesor mío y de mi hermano. Siempre lo he admirado por su calidad a la hora de jugar. Esta de cinco del mundo y es muy importante aprenderle aspectos técnicos. Jugamos dobles y eso me llena de orgullo.