Paula Medina cambió la estética por la efectividad


Señal Colombia
24 / 11 / 2015
Paula Medina cambió la estética por la efectividad / EFE
Paula Medina en los Juegos Nacionales Bolívar 2019
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Paula Medina no tiene el prototipo de una jugadora convencional de tenis de mesa. Es de contextura ancha, de piernas gruesas y brazos largos. Sin embargo, cuando toma la raqueta, esa primera impresión cambia. Es ágil, rápida y con unos reflejos felinos tan agudos que ninguna pelota se le escapa por más potente que venga. Más allá de la estética, está la efectividad.

“Hay gente que juega bonito y yo acepto que no soy una de esas”, dice una deportista que remplaza el glamour por la eficiencia, importante en una disciplina en la que los porcentajes pueden llegar a definir títulos.

Paula Medina, tenismesista colombiana / ColdeportesColdeportes

Lo que ha hecho la colombiana en un deporte monopolizado por los orientales es de admirar. Pero no siempre la raqueta y la pelota fueron su prioridad.

Cuando era pequeña practicaba baloncesto en el colegio. Aunque, ahora que recuerdo, no ganábamos mucho. No importaba si yo jugaba un buen partido, mis compañeras no ponían de su parte”, dice la nacida en Tuluá.

 Cansada de no poder triunfar en un deporte colectivo, Medina se dejó llevar por uno en el que el éxito sólo dependería de ella. “Me dije a mí misma: mejor hago algo en lo que solo yo sea la responsable”.

Las épocas en las que iba una que otra vez a un club que quedaba un piso abajo de la oficina de su padre, quedaron en el pasado. Era el momento de buscar a la persona indicada que tomara esas ganas y las canalizara a la hora de golpear la pelota.

En el club Los Veloces Paula pasó de jugar tenis de mesa recreativamente a practicarlo con dedicación. Sus actuaciones en diferentes eventos nacionales, con tan sólo nueve años, la ubicaron en la mira de los conocedores del tenis de mesa en el Valle del Cauca. En 1999, ese esfuerzo se vio recompensado.

Viajé a mi primer suramericano en Perú. Sólo llevaba jugando dos años por lo que era un gran premio”. Ese fue su primera salida del país. A pesar de no jugar un solo encuentro, regresó a su casa con una medalla de oro, que motivó aún más a sus padres. “Era la más pequeña y me llevaron para que me fogueara.

Recuerdo que jugaban las tres primeras y yo era la cuarta. Yo le decía a todo el mundo: Tengo una medalla que no me gané”. Esa espontaneada y alegría empezaron a crecer proporcional al talento.  Los rumores de que una pequeña era imbatible en el Valle llegaron a oídos de Jairo Paz, por ese entonces presidente de la Federación nacional, quien sin pensarlo le apostó al talento de Paula.

“Él fue como un segundo padre. Estuvo siempre pendiente de mi carrera y creyó cuando otras personas en mi departamento no daban un peso por mí. Eso nunca lo voy a olvidar” De la mano de Paz apareció el entrenador Diego Loaiza, un hombre pulsional, pero disciplinado y comprensivo. Conocedor del deporte como nadie.

“Con él aprendí todo lo necesario para jugar tenis de mesa. Yo le tenía miedo a los remates y gracias a sus entrenamientos supe recibirlos sin temor. Ahora ya no tiene que ver nada con el deporte. La última vez que lo vieron fue en las calles de Pereira. Parece que está sumido en las drogas y el alcohol”.

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No hay nada más emocionante para un deportista que tener la oportunidad de entrenar con los mejores de su disciplina. Para Paula, la buena nueva llegó a los 16 años, cuando en la vitrina ya colgaban suficientes medallas.

La Federación estableció un convenio con un club en China para que sus 10 mejores deportistas tuvieran la oportunidad de entrenar con algunas leyendas mundiales y así conocer cómo era el entrenamiento de los mejores del planeta.

Día y noche, de lunes a viernes, Paula estuvo apegada a la rutina de los orientales. Con arrojo, aprendió uno que otro truco, supo pasar más rápido de defensa a ataque y entendió que la pelota no lo era todo.

“Estaban entusiasmados con mi juego. Decían que tenía grandes golpes y no dudaban un segundo cuanto había que hacer correcciones. Fue una de las grandes experiencias de mi vida” Mientras que en la mesa, todo marchaba a la perfección, lejos de las prácticas las cosas no fueron fáciles.

Paula Medina, tenismesista colombiana / Comité Olímpico ColombianoComité Olímpico Colombiano

“Yo no hablaba ni siquiera inglés por lo que me tenía que ceñir estrictamente a la ayuda del traductor. Además, la comida me parecía rara. Trataba de comer lo más sencillo: arroz, huevo y una que otra cosita. Me daba impresión probar. Si vos me preguntás de qué eran las carnes que uno veía por allá aún no tengo una respuesta”.

Rubiela, madre de Paula anticipó lo que su hija viviría al otro lado del mundo por lo que en un cuaderno anotó cada una de sus recetas, paso a paso, para que ella pudiera cocinar. El problema: conseguir los ingredientes.

“¡No había nada! Pude hacer par cosas pero fue muy complicado”, concluye Paula, la mejor tenismesista de Colombia, y que día a día demuestra que todo es posible en el deporte mientras rompe prototipos, de la mano de los mejores.