“Soy ciclista porque me gusta sufrir”: Camila Valbuena


Señal Colombia
31 / 03 / 2017

La vida le advirtió muy temprano a Camila Valbuena lo que podía sufrir si seguía los pasos de su padre Julio en el ciclismo. “Una vez regresó antes de tiempo de una Vuelta a Colombia y sólo se le veía la carne. Se había caído terrible. Otro día se cayó en un circuito en el Parque Simón Bolívar. Pero a mí no me asustaba, eso no me hacía desistir de la idea de convertirme en ciclista”, recuerda la bogotana nacida el 18 de febrero de 1997.

A Camila se le olvidaba el riesgo de las caídas. Sus dudas radicaban en otro sentido: “Papi, ¿qué se siente montar en una bicicleta”. Insistía con las preguntas: “Papi, ¿qué sientes cuando cruzas la meta y alzas los brazos”. Se volvía repetitiva con el ciclismo y se entretenía despinchando llantas en el almacén Ciclo J de sus padres. Nadie se podía entrometer con esa ilusión. Todo lo contrario.

“Me compraron una bicicleta Barbie. Rin 16. Chiquitica. Con rueditas de apoyo. Yo tenía unos seis años. Y mi papá me decía: ‘Si quiere ser ciclista, entonces aprenda a montar sin rueditas de apoyo’. Si lo logra, le regalo un helado’. Y yo me ponía feliz. Me caí varias veces y hasta hacía trampitas para que me dieran mi helado”, recuerda con afecto la bogotana, campeona mundial juvenil en pista y promesa de la ruta.

Las caídas. La vida siempre le prometió caídas si decidía perseverar. Desde niña y desde que empezó a entrenar con Marco Tulio Ruiz en el club Esteban Chaves se las anunció. Pero para eso nació con una tolerancia grandísima al dolor. En 2013 en una Copa Colombia de pista en Medellín, se cayó gravemente en varias oportunidades. Y ganó así, maltrecha. 

“En una quedé tan malherida que no me querían dejar correr las siguientes pruebas, pero me enfurecí y les grité que yo respondía. Participé así y gané. Después, en esa misma competencia, se me reventó el tubular delantero cuando iba a embalar y quedé inconsciente tras salir del peralte. Casi me mato”, recuerda entre risas, como asumiendo una cotidianidad en el dolor.

¿Por qué ser ciclista con tantos riesgos? Si su hermano Cristian no pudo continuar en su carrera deportiva por lesiones, si vio a su papá lacerado y a su mamá Luz Marina sufriendo por el dolor de todos, ¿por qué continuar pedaleando? “Porque lo llevo en la sangre y en el corazón. Soy ciclista porque me gusta sufrir. Mi papá me decía que cruzar la meta con los brazos arriba valía todo el sacrificio. Y no se ha equivocado. Por eso quiero hacerlo en todas las competencias”. 

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Foto: Fedeciclismo