Del 21 al 23 de enero, Valencia será es sede de FIMI, la Feria Internacional de Moda Infantil y Juvenil. En medio de un evento marcado por tendencias y mercado, la iniciativa colombiana Son un cuento propone una lectura distinta: pensar la infancia desde el cuidado, el trabajo digno y la creatividad como herramienta de transformación social.
El proyecto nació como respuesta a una necesidad concreta: generar oportunidades laborales para madres cabeza de familia, muchas de ellas enfrentadas a contextos de informalidad, precariedad o exclusión del mercado laboral. A partir de ese objetivo, se construyó un modelo que pone en el centro a las personas que producen, reconociendo sus tiempos, saberes y condiciones de vida.
La creatividad aparece aquí no como un lujo, sino como un lenguaje de encuentro. A través de la ilustración, la narración y la experiencia sensorial, se desarrollan piezas pensadas para acompañar la infancia desde lo simbólico, lo afectivo y lo cotidiano. Cada objeto es también el resultado de un proceso colectivo que conecta a quienes crean con quienes reciben, tejiendo una relación que va más allá del consumo.
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Esta mirada se extiende ahora al espacio del descanso infantil, con una línea concebida para los momentos de calma, lectura y contención. En un mundo atravesado por la velocidad y la sobreestimulación, la propuesta reivindica el valor de detenerse, de acompañar y de construir entornos seguros para niños y niñas, tanto en lo material como en lo emocional.
La presencia de esta iniciativa en FIMI Valencia no busca únicamente visibilidad internacional, sino abrir conversaciones sobre otros modos de hacer, donde la economía se articula con el cuidado y donde la infancia no es tratada como un nicho de mercado, sino como un territorio que requiere atención, sensibilidad y responsabilidad colectiva.
En tiempos en los que el impacto social suele reducirse a discursos, experiencias como esta recuerdan que transformar realidades también pasa por cómo se trabaja, para quién se trabaja y con qué propósito. Y que la creatividad, cuando se pone al servicio de la comunidad, puede convertirse en una forma concreta de justicia cotidiana.


