¿En qué se diferencia un otaku japonés de uno en Colombia?


David Jáuregui Sarmiento
07 / 06 / 2018
Onoda, personaje otaku de la serie Yowamushi pedal
Onoda, personaje otaku de la serie Yowamushi pedal

Sabemos que los otakus se caracterizan por un gusto indiscutible por el manga, el anime y los videojuegos japoneses, pero ¿puede un japonés ser otaku por el cómic norteamericano o, mejor aún, puede un colombiano ser otaku adicto a los videojuegos norteamericanos?

Yowamushi pedal
Lunes a viernes, 6:30 p. m.

De acuerdo con la estudiosa Dominique Menkes, PhD en Ciencias políticas y Sociales con orientación en sociología de la Universidad Autónoma de México, la cultura otaku plantea una estrecha relación con el rompimiento del modelo de vida contemporáneo, pero no debido a su gusto por el manga y el anime o cualquier otra cosa, sino porque parece significar el final de los grandes paradigmas (verdades imaginadas), la difuminación entre los autores de una obra y el consumidor, así como la pérdida de referencias culturales cercanas que tradicionalmente enmarcaban las identidades.

La palabra otaku en Japón se usa para describir a una persona fanática o con aficiones obsesivas por cualquier tema, área o campo (desde videojuegos, películas japonesas o de cualquier país, manga, anime, cómic, gastronomía, tecnología, etc.) y, al menos en Japón, se trata de personas consideradas desadaptados y autistas, pues con sus aficiones obsesivas evaden y rechazan el contacto con el mundo disciplinario, así como no les interesa tampoco refutar al control de la disciplina. Según la investigación La cultura juvenil Otaku: expresión de la modernidad de Menkes, la palabra otaku está cargada con tanta visión negativa que se les ha acusado de ser causantes de disturbios y crímenes perpetuados en el país del sol naciente.

La cultura otaku tiene dos vertientes que no se desprenden de los gustos sino más bien de la nacionalidad del aficionado.

Esta cultura no solo es un fenómeno comercial mundial, sino que además es un referente de la cultura global y del desplazamiento de la cultura norteamericana hacia Asia. De esta manera, por ejemplo, los seguidores fervientes de Yowamushi Pedal y otras series anime hacen consumo alternativo de lo que algunos teóricos denominan la "dominación cultural norteamericana y occidental", que debido a la expansión y posicionamiento de sus industrias culturales en el mundo parecen hacerse en el centro de los imaginarios colectivos difundidos a través del cine, cómic, dibujos animados, la industria musical, etc.

Sin embargo, de acuerdo con Sandra Castro, conocedora del mundo otaku desde hace más de una década, la cultura otaku tiene dos vertientes que no se desprenden de los gustos sino más bien de la nacionalidad del aficionado. Mientras un japonés puede ser adicto compulsivo por cualquier cosa sin importar su origen (por ejemplo, del universo Marvel), un otaku que no sea japonés sí está supeditado a la adoración del anime, el manga y los videojuegos japoneses y de todo lo que de ahí se desprenda. De tal manera que, al menos fuera de Japón, es una condición para reconocerse como otaku que sienta una afición casi obsesiva por las industrias culturales japonesas.

 

¿Cuáles son las actividades del otaku occidental?

En general, el consumo de manga, anime y videojuegos viene siendo su actividad principal, pero no como cualquier mortal lo haría: para ser otaku hay que tomárselo en serio, y no basta con ser juicioso para ver las transmisiones de Yowamushi Pedal u otras series anime, sino sostener una relación visceral con los personajes, con las historias, y dedicar la gran mayoría de sus esfuerzos en ello.

“Un otaku es alguien que está enamorado de la cultura japonesa y trata de apropiarla o es muy seguidor de ella. No necesariamente tiene que invertir en su fantasía, sino solamente alguien que está maravillado con la cultura. Es exclusivamente de la cultura japonesa, ni siquiera de K-pop (cultura popular coreana) o norteamericana. En Japón sí se permite, pero no se puede olvidar que tiene una connotación de alguien que desperdicia su tiempo en cosas por la que no se obtiene ningún beneficio, y en algún momento se ha trasladado en el exterior para enmarcar a todos aquellos aficionados por la cultura japonesa, fuera de Japón, una persona con un gusto así por algo norteamericano se le llamaría “geek”, pero no otaku, aunque tienen connotaciones muy cercanas. Desde luego, alguien que se abandera como otaku sabe muy bien qué hay en la cultura geek”, explicó Castro.

 

Sin embargo, si estuviéramos buscando los requisitos para otaku, algunos de ellos sería el gusto por el anime y de la producción de animación exclusivamente japonesa, incluyendo saber distinguir entre por ejemplo el manga, el hentai o el anime. “La serie de dibujos animados El último maestro del aire, por ejemplo, no clasificaría como algo que entra del gusto del otaku, porque a pesar de que tiene arte de anime, es hecho en Estados Unidos por norteamericanos y eso no es anime, eso es animación”, subrayó Castro.

Además, los otakus tienen actividades recurrentes como la asistencia a eventos específicos organizados para otakus, en donde hacen foros sobre las series de anime, hacen cosplay, coleccionan videojuegos y consolas, también historietas japonesas y decoran todo cuanto es posible con su gusto por lo japonés. Tal afinidad, incluso, se refleja en que un verdadero otaku intentaría, en la medida de sus posibilidades, aprender japonés e ir alguna vez hasta el país del sol naciente, pues el encuentro con todo aquello que idolatra se encuentra en dónde nació el manga y el anime, así como toda la tradición que rodea la cultura japonesa, incluyendo sus videojuegos.

 

“Cuando hablamos de cosplay para el Otaku va mucho más allá de disfrazarse: es un arte, es una puesta en escena. El cosplayer posa, hace maromas propias del personaje, intenta mantener el personaje en todo momento. Un disfraz es algo de haloween, el cosplayer lo hace con una pasión y dedicación casi exclusivas del otaku o del geek. Hay gente que casi se profesionaliza en hacer cosplay, pero si me lo preguntaran, yo diría que el otaku va a hacer los cosplay más raros, con tal de mantener la fidelización del personaje, siempre”, agregó Castro.

Una persona con un gusto así por algo norteamericano se le llamaría “geek”, pero no otaku.

Sandra Castro, experta.

De la misma forma, un otaku sabe de qué se está hablando, por ejemplo, cuando una serie está más cargada que otras de “fan service”, elementos que atraen al público, como por ejemplo los dibujos con poca ropa y diseños de cuerpos voluptuosos, mientras que un consumidor regular de dibujos animados tal vez no esté relacionado con el término.

Sin embargo, la dedicación, aunque es una de las banderas del otaku, no necesariamente es exclusiva de ellos. Según Juan Pablo Castilla, cosplayer premiado en eventos de la magnitud de Comicon, el atuendo del cosplayer, otaku o no, es un elemento que puede tardar meses, y que exige entregarse a complicaciones serias, pues hacer fidedigno un atuendo requiere fabricarlo a mano desde cero, consiguiendo los materiales adecuados y dándose a la tarea de aprender confección, patronaje, etc., con el único fin de llevarse el reconocimiento al mejor personaje de la gala. Sin embargo, habría que hacer una comparación juiciosa sobre la interpretación de los personajes por parte de los cosplayer otaku y los que no para saber con seguridad si, como afirmó Castro, la gran diferencia entre los dos es la inmersión en sus respectivos papeles.

 

¿Qué caracteriza a un otaku japonés?

La investigación de Menkes destaca que investigadores japoneses como Masashi Osawa han declarado que una característica muy particular de los otakus: adherirse a la cultura otaku es, a la vez, una forma de llenar el vacío que ha dejado en tiempos modernos las antiguas verdades sociales (como los códigos de desarrollo de la personalidad) para reemplazarlos -o complementarlos- y así reafirmar su yo como sujeto, pero sin expresar su malestar social.

Una de las “características consiste en tratar de llenar el vacío que acompañó a la desaparición de los grandes paradigmas aceptados como ciertos con esta subcultura: sin ilusión sobre el valor o los modelos de las obras que admiran, no tratan de encontrarles el sentido ni de activar una acción social. Sólo buscan afirmar su yo (un yo puramente formal) en cuanto espectadores, eligiendo un personaje de alguna serie, manga o videojuego, o algún ídolo (actor o cantante) y convirtiéndose en el “fan de”. No saben cómo expresar su malestar existencial. En este sentido, los otakus simbolizan este malestar encerrándose en un mundo virtual en el que pueden ser héroes”, afirma Otawa sobre esta cultura.

 

De la misma forma, el sociólogo japonés Shinji Miyadai, también destacado por la estudiosa de la Autónoma de México, afirmó que otra característica clave de los otaku es la forma en que como sienten más atracción por la ficción que por la realidad y la mayoría de sus relaciones consisten en un intercambio de informaciones sobre productos, ídolos, etcétera, sus relaciones no se sostienen por necesidades ligadas a lo tradicional, como la familia o los amigos, sino por el interés que representa la obtención de información específica relacionada con su temática favorita del momento, lo que además les otorga la libertad de terminar la comunicación con sus allegados. Esta característica, en tiempos en los que las tecnologías de la información y la comunicación experimentan su mayor auge, no es de menospreciar.

La palabra otaku en Japón se usa para describir a una persona fanática o con aficiones obsesivas por cualquier tema.

De acuerdo con este sociólogo japonés, "este fenómeno se debe a que el Japón actual se ha vuelto extremadamente práctico desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades y esta forma de relación de los otakus nació de su adaptación a este tipo de sociedad. Como las relaciones con lo real no imponen relaciones directas con los demás, vemos aparecer un nuevo tipo de relación con el otro, ya no basada en la necesidad, sino únicamente en la voluntad individual. Viven en un universo cada vez más global, sobre-mediatizado, en paz e inundado por las altas tecnologías. Su afición es un intento más por contactarse con su mundo y encontrar sus puntos de referencia. Podríamos decir que el otaku concretiza la emergencia de una cultura de la que Japón es el centro”, explica Menkes.

Menkes concluyó, además, que los jóvenes de nuestras sociedades posindustriales sienten la necesidad de huir de la oscura realidad del desempleo y de la exclusión o, en el caso de los jóvenes japoneses, de escapar de una existencia muy trazada desde que son pequeños, hecho que también podría atribuirse a los otakus no japoneses.

 

Por eso, cuando pensamos en otakus debemos hacerlo con cautela, pues aunque en occidente no tiene la connotación negativa que tiene en Japón, sí podría prestarse para malos entendidos. De la misma forma y como es cada vez más popular, es igual de importante diferenciar el geek, amante de la cultura pop en general, de aquel que profesa dicho amor únicamente por todo lo referente a la cultura japonesa aunque, como ya explicamos, no es tan "cool" ese adjetivo en su país de origen.