¿Cómo es el cine de terror colombiano?


Gabriel Esteban González Rodríguez
14 / 10 / 2021
Cine

27 horas con la muerte

27 horas con la muerte
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Cuando vamos a cine estamos dispuestos a emocionarnos. Reímos, lloramos, nos sorprendemos y nos preocupamos por las cosas que van pasando en cada segundo de las historias que vemos, porque esta es toda una experiencia sin importar si la vivimos en una pantalla grande o una pequeña.

Y entre todas las emociones que podemos sentir viendo una película, hay una que solo a través de imágenes y sonidos se hace más potente: el miedo, ese mismo que nos hace saltar y gritar; esperando en cada sombra y cada silencio, el susto que nos mantendrá concentrados en la película.

En Colombia no hemos sido ajenos a las historias de género, y aún cuando las historias de terror que se han contado en el país no son tan sofisticadas técnicamente como algunas películas clásicas de otras latitudes, han acudido a temas que nos aterran y nos cuestionan para llegar a nuestras propias versiones del género. El cine de terror que hemos hecho en Colombia ha explorado las cosas que nos asustan para tratar de encontrar una nueva manera de mirarnos.

Es así como al hablar de las películas de terror en Colombia siempre se nos viene a la mente Jairo Pinilla, quien es hoy un director de culto, no solo por la curiosidad que generan sus películas en las nuevas generaciones, sino por el recuerdo que muchos tenemos de sus historias.

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Su mirada sobre nuestras relaciones con la inevitable fatalidad de la muerte, la relación directa con lo paranormal y la búsqueda de lo escabroso en historias enmarcadas en espacios y momentos cotidianos, acercaron en su momento las narrativas del cine de terror al público masivo en el país, dejándonos ver que en los lugares que conocemos también se pueden encontrar escenas terroríficas. Películas como Área maldita, Funeral siniestro y 27 horas con la muerte son referentes de nuestro cine por todo esto.

Por la misma línea, películas como Carne de tu carne, de Carlos Mayolo, y Pura sangre, de Luis Ospina, encuentran una manera de mezclar códigos del cine de género con historias que exploran ambientes cotidianos enrarecidos por experiencias que no solo ponen a prueba a sus personajes sino que nos ponen como espectadores en un lugar de extrañeza frente a lo que vemos.

Con estas dos películas podemos entender que el cine de terror no solo tiene que ver con las imágenes escabrosas y viscerales, sino también con la creación de atmósferas que nos permitan ver con otros ojos cosas como las relaciones de familia y, de nuevo, las reacciones que tenemos frente a la muerte.

En películas más recientes como El resquicio, de Alfonso Acosta, se borra la línea del género para contar la historia de una familia en crisis en clave de película de terror, mostrándonos la potencia de un género que aún tiene mucho por explorar.

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Lo mejor de todo es que estas películas están en la pantalla de Señal Colombia, y podremos encontrarlas una y otra vez para seguir viendo que el cine de nuestro país está creciendo, hallando en la diversidad y la riqueza de miradas maneras novedosas para entendernos y para compartir un buen rato frente a nuestra pantalla, con las mejores historias.

* Gabriel Esteban González Rodríguez se desempeñó como curador de la franja de cine se Señal Colombia