¿Por qué la buseta se volvió ícono del arte pop?


Sebastián Acosta Alzate
22 / 10 / 2019
Buseta
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El transporte urbano de Bogotá ha evolucionado hacia un sistema integrado cada vez más uniforme en su estética, dejando atrás las coloridas busetas con abundantes trazos gráficos y ostentosas fuentes tipográficas que rara vez se repetián de una buseta a otra.

Esas busetas pasaron de ser un rasgo cultural inconfundible de nuestra cotidianidad a, prácticamente, un ícono visual que en años recientes ha sido apropiado y remezclado por artistas que buscan mantener viva su estética.

Bus

Y es que la buseta no es solo un objeto mecánico. En Colombia, un país estructurado en carreteras, las busetas permitieron la consolidación de una clase social con identidad propia de un gran número de familias.

La buseta llegó a ser un símbolo tan ubicuo en el paisaje urbano que en 1987 se volvió protagonista de una serie de televisión, la comedia 'Romeo y Buseta', que relataba la vida de una familia dueña de una empresa de transporte y retrataba las costumbres propias de la Bogotá de la época.

Los procesos de institucionalización del transporte público han eliminado significativamente el ejercicio de personalización de las busetas. Las sillas dejaron de ser acojinadas, los altares con borlas y figuras religiosas desaparecieron del tablero del conductor, y las tablas que anuncian las rutas, cargadas de colores, tipografías y tamaños, fueron reemplazadas por letreros electrónicos o versiones estandarizadas.

Dichas tablas, pintadas con la técnica del esténcil, cada vez parecen más un recuerdo del pasado, una artesanía que en su auge requería de manos expertas para su diseño y fabricación. Heyder Navarro Villalba, un experimentado fabricante de tablas, nos cuenta su historia en el video a continuación.


Reportaje del programa 'En Órbita' (2014)


¿Pero cómo la estética de la buseta se convirtió en producto de lujo?

Llaveros, portavasos, imanes para la nevera e incluso tablas de buseta personalizadas hacen parte de la oferta de productos inspirados en la estética busetera que, además de productos de consumo, también ha inspirado a artistas y académicos que ven en ella una riqueza visual digna de estudio.

Por ejemplo, el proyecto 'Populardelujo', se dedica a investigar las estéticas populares de América Latina, como la de las busetas, para realizar diferentes actividades artísticas. Una de ellas fue un taller de tablas de ruta.


Johan Portela

Taller de tablas de ruta.


Buseta como ícono del arte pop

En 2004, un grupo de artistas llamado El Colectivo Ejecutivo estrenó la exposición 'Cara de Buseta' (busface) consistente "en obras que muestran las 'caras' distintivas de las busetas (...). En Bogotá, los buses que recorren la ciudad se pintan y se arreglan de acuerdo a los gustos particulares de su dueño, cada buseta es única en términos de diseño, decoración y las modificaciones que se le hacen a la carrocería".

El colectivo, conformado por Ross Harley, María Fernanda Cardoso y Rodrigo Facundo, han venido trabajando "con la personalidad antropomórfica de estos buses en el contexto de una antropología visual urbana, imágenes luminosas, pinturas y objetos", pues ellos le encuentran rostro humano muy evidente: Las orejas son los espejos, los ojos son las luces, la boca es el capó y la nariz está entre la división de las ventanas panorámicas.


Exposición cara de buseta


Para entender mejor estas transformaciones de la buseta al arte pop, entrevistamos a Jorge Pachón, artísta plástico, curador y docente de la Universidad del Bosque, quien nos comentó que estas dinámicas no vienen de forma espontánea o natural, siempre está la mediación del artista.

"Por ejemplo, Andy Warhol, desarrollador del arte pop y apoyado en Marcel Duchamp, volvieron ícono la sopa de tomate Campbell, pero fue una decisión de él, ya que siempre tiene que haber un mediador, que en este caso es el artista. En el caso de nuestro país, nuestro nombre se volvió pop gracias al gesto de Antonio Caro, de escribir Colombia con la tipografía de Coca-cola".


Colombia cocacola

'Colombia Coca Cola' (1976), Antonio Caro.


Así mismo, le preguntamos por qué objetos como las tablas de ruta y los buses se convierten en objeto de contemplación en el arte pop. Nos comentó que existen varios factores: "la nostalgia que identifica a una cultura, afecta la memoria colectiva, especialmente por el uso cotidiano de estos elementos".

Otro factor identificado por él es la identidad. "Desde el punto de vista de lo kitsch, nuestra cultura está amparado en dicha propuesta estética, donde inclusive la copia de la copia afecta nuestra identidad colombiana, especialmente a nivel gráfico y morfológico, por ello los artistas encuentran en la imitación algo interesante en el proceso creativo, pues ellos ven en dicho objeto tan cotidiano, una oportunidad para convertirlo en objeto de culto o contemplación, siendo ellos mediadores".

En esta misma línea, este tipo de apreciaciones ya se habían identificado en 1974, por ejemplo Marta Traba, una crítica de arte latinoamericana señaló que :"Las tendencias pop surgidas en Latinoamérica (...) están condenadas a vivir en el limbo de la mimesis; pero si volvemos a revisar el concepto de pop art, podremos extraer de él algunos elementos básicos de estilo que, revitalizados, deberían ser recogidos por artistas latinoamericanos con conciencia del problema".

Por su parte, el crítico de arte Halim Badawi, aseguró a Señal Colombia que "a diferencia de las latas de sopas Campbell de Andy Warhol, en nuestro país vemos el rescate de la estética colorida de las busetas de servicio público, que a su vez bebe de las grafías amerindias y del diseño gráfico de años 60 y 70. Precisamente nuestros artistas buscaron dignificar todo aquello que parecía 'ordinario', 'inferior' o 'de mal gusto', e insertarlo en las llamadas tradiciones artísticas 'cultas', en las corrientes dominantes de nuestro arte".

De acuerdo con Badawi, ese es el principal aporte de los artistas pop colombianos: romper con el "buen-gustismo" y mostrarnos la belleza presente en todo aquello que parecía despreciable. "Vale la pena recordar que, el arte pop colombiano de los años 60 y 70 apeló, como fuente de inspiración, a las tradiciones populares, a las noticias de los periódicos amarillistas y a los objetos de uso cotidiano, esos objetos que no siempre son producto de la publicidad o el cine (propio de los países del primer mundo), sino que recogen el universo estético local, campesino, indígena y popular, ese universo que los artistas colombianos de entonces tenían a la mano".