El potenciómetro: ¿la tecnología al servicio del ciclismo?


Señal Colombia
31 / 03 / 2017
El potenciómetro: ¿la tecnología al servicio del ciclismo?
El potenciómetro: ¿la tecnología al servicio del ciclismo?

Aunque parezca algo futurista, este elemento tan habitual en estos días sobre el manillar de los ciclistas tiene una historia con varios kilómetros encima. A finales de los 70, el monitor de ritmo cardíaco o pulsómetro fue la primera evidencia de la alianza entre ciclismo y tecnología que para muchos escépticos restaba naturalidad a un deporte basado en la belleza de lo imprevisto. La variabilidad de la frecuencia a medida que aumentaba o disminuía el esfuerzo permitieron crear planes de trabajo más disciplinado y preparaciones físicas más exigentes dependiendo la competencia a afrontar.

Sin embargo, ese avance no fue suficiente. En 1986 el ingeniero alemán Ulrich Uli Schober, indagando por variables más profundas que las estadísticas del comportamiento del corazón de los ciclistas, logró conectar un medidor eléctrico de presión y tensión que arroja datos como el registro de altitud, la velocidad promedio (máxima y mínima), las pulsaciones por minuto y, lo más importante, los vatios que genera cada pedalazo en un rango de 0 a 4200. Este pequeño aparato también sirve para que los entrenadores lleven un control regular de sus pupilos.

Bien es sabido que un buen ciclista se caracteriza por la disciplina de su rutina. Que aunque la motivación es lo que los hace empezar, esta última los hace continuar. “Normalmente tengo dos maneras de entrenar. Unos días salgo y ruedo casi 200 kilómetros o seis horas, otros bajo un poco. Dependiendo como responda el cuerpo, hago puntas fuertes o embalajes. Todo va variando”, dice Roger Diagama pedalista del equipo Boyacá Raza de Campeones. Cada vez que termina su rutina, lo primero que hace el boyacense, después de cambiarse y darse una buena ducha, es tomar su computador, conectar su potenciómetro y cargar los datos del día a una sistema general en el que su entrenador puede ver la evolución, las deficiencias y así saber cuál es el siguiente paso a tomar.

Y aunque en principio esta ayuda fomenta la mejora y la regulación en un deporte tan exigente como el ciclismo, las críticas han aparecido aludiendo que el instinto y las sensaciones están siendo relegadas a un segundo plano. “Estos aparatos matan el espíritu de los corredores que calculan su rendimiento según un monitor y no toman riesgos”, dijo alguna vez el expedalista español José Luis Arrieta. Pero a diferencia de este hombre, que de haber tenido uno en su época lo habría tirado por un barranco, existen leyendas vigentes que ven en el potenciómetro un elemento tan crucial casi como las mismas zapatillas.

Es el caso del británico Chris Froome, campeón del Tour de Francia y uno de los más férreos creyentes de que la innovación debe ayudar no sólo al crecimiento de una disciplina sino a cuidar y preservar a sus grandes protagonistas. Este hombre, capaz de dosificar cada esfuerzo bajo un estricto control, al parecer no sale a rodar sin un aparato de estos sobre su ‘bici’. Es bastante común verlo con su mirada clavada en este instrumento, analizando números detalladamente, antes de tomar la decisión de atacar. Los argumentos generan división.

Unos apoyan la explotación de la ciencia en la búsqueda de un deporte más competitivo y controlado mientras que otros alegan la intromisión de la exactitud en un campo que, por el bien de su existencia, no debería ser medible. “El ciclista sólo será considerado un campeón verdadero cuando se niegue a que la máquina le imponga su lógica”, afirmó Jean Luc Morion, un filósofo apegado a este deporte hasta el punto de verlo como el complemento vivo de un objeto técnico como la bicicleta. El debate está abierto...