¿Se puede ser un gran artista sin hacer una sola obra de arte reconocida?


David Jáuregui Sarmiento
27 / 08 / 2018
Elmyr de Hory en el documental del "El falsificador del siglo"
Elmyr de Hory posa con una de sus obras falsificadas

El mundo del arte, aunque siempre ha estado presente en la cotidianidad, a veces parece un misterio por la forma en la que algunos artistas llegan a la cumbre y, mientras unos son reconocidos en vida, otros tras su muerte, y otros alcanzan la fama por hacer las mejores falsificaciones de todos los tiempos.

Elmyr De Hory es considerado el falsificador del siglo. No en vano el reconocido actor y cineasta Orson Welles, realizador de la cinta El Ciudadano Kane (1941), y el periodista y escritor Clifford Irving, con su libro ¡Falso!, dedicaron obras a la vida y obra del falsificador húngaro. Los dos, tanto Welles como Irving, figuran como dos de los artistas más relevantes del siglo XX en Estados Unidos y, aún así, ellos hicieron una película y un libro sobre De Hory, pues consideraron que su historia y su habilidad para hacer copias idénticas de otros artistas también era digno de mención tanto como de los artistas que falsificó.

Elmyr de Hory trabajando en una falsificación de Matisse

A lo largo de su carrera, Emyr de Hory imitó a la perfección el estilo de los grandes pintores modernos como Pablo Picasso, Jean Dubuffet, Henri Matisse, Marc Chagall, entre muchos otros. Este es un hito asombroso pues una cosa es el autor original obtenga reconocimiento, porque durante años desarrolló la técnica y la propuesta creativa que hizo famosos sus cuadros, mientras otra es que existiera un sujeto que los hace tan bien como sus creadores y se haya perfeccionado varias técnicas para ser reconocido.

Para saber más de este intrigante falsificador, además de ver la película de Orson Welles o leer el libro de Irving, también puedes ver el documental Elmyr De Hory, el falsificador del siglo (2017) en la pantalla de Señal Colombia y asombrarte con cómo este pintor logró engañar incluso a los mismos artistas, quienes más de una vez certificaron haber hecho cuadros pintados por el falsificador.

Se estima que entre un 10 y un 15% de los cuadros expuestos en los museos a nivel mundial son falsificaciones.

Datos del Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, 2016.

Sin embargo, otras dudas asaltan nuestra cabeza cuando pensamos en De Hory y su historia: ¿Se puede llegar a ser un gran artista sin hacer una sola obra de arte reconocida?, ¿por qué en el mundo del arte el nombre tiene tanto peso como la obra e imitadores tan talentosos como De Hory solamente les queda el papel de imitadores?

 

El reconocimiento en el arte

El mundo del arte, el circuito de las artes plásticas y su respectiva llegada al reconocimiento de un artista tiene varios elementos que confluyen.

De acuerdo con Daniela García, maestra en Crítica y Difusión de las Artes de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina, hay dos perspectivas a tener en cuenta cuando pensamos en el éxito de un artista plástico: desde la innovación en la técnica, o la representación del mundo, o cómo se hace disruptiva su obra, y que muchas veces para la sociedad es más fácil recordar o exaltar a un artista por las incidencias de su vida que, a veces, por su mismo trabajo.

Con los artistas se crean lazos de identidad muchísimo más vinculantes e inspiradores a partir de sus historias, a situaciones de su vida que con la materialidad misma.

Daniela García

Esto ha resultado en que mucha gente reconozca, por ejemplo, la existencia de Vincent Van Gogh y sepa que en algún momento se cortó una oreja, pero sepamos mucho menos de su obra. Muchas veces sabemos que existieron Goya, Picasso o el mismo Van Gogh, pero es menos frecuente que sepamos distinguir con claridad cuáles son sus obras más importantes, por qué, o incluso su trabajo previo al postimpresionismo por el que se destaca el pintor neerlandés.

 

“El nombre tiende a ser a veces más memorable que las obras de un artista porque con los artistas se crean lazos de identidad muchísimo más vinculantes e inspiradores a partir de sus historias, a situaciones de su vida que con la materialidad misma. Pasa que si la obra de arte está acompañada por un relato trascendente se recuerde a la obra de arte. Pasa por ejemplo con Vincent Van Gogh: el relato de su vida es muy trascendente e impulsa su producción plástica. Eso no quiere decir que los artistas solamente sean recordados por la historia o el relato que consume el público, pero sí puede pasar que sea más fácil crear lazos de identidad y vínculo frente a una historia que frente a algo material”, explicó García.

De acuerdo con la académica del arte, por eso puede pasar que mucha gente no conozca los inicios de Van Gogh en otras técnicas o propuestas plásticas, como los jarrones con estilos de arte oriental, pero sí se sepa que se mutiló una oreja y recuerden su autorretrato o la noche estrellada, pero no mucho más allá.

Hoy en día vemos artistas famosos que para muchos no son realmente buenos, y que incluso ellos mismos no se consideran artistas, pero si grandes negociantes.

Julia Serrano Cure

Ahora bien, explicó la conocedora, es claro que el círculo que rodea los artistas influye mucho en el reconocimiento que llegue a acumular antes o después de su muerte.

“No solamente se compone de artistas, sino de historiadores, críticos, curadores, sociólogos, periodistas, etc., que construyen el mundo del arte. Esta lectura es muy distinta a la de hace 20 o 30 años; primero, porque el mundo del arte y el contexto que acompaña estos espacios de producción tiene una lógica disciplinar, mucho más tendiente a la creación industrial que antes no jugaban de la misma manera”, explicó García.

 

García agregó: “Pienso que depende un 60% de los vínculos que hace el artista y otro 40% de la producción que presenta el autor. Claro, hay casos excepcionales en los que la producción resulta sumamente innovadora y disruptiva, porque al final el artista memorable es el que ofrece una creación disruptiva en el contexto en el que se encuentra”.

Julia Serrano Cure, representante de artistas, curadora y becaria en el King's College de Londres para la maestría en Artes y promoción cultural (Arts and cultural management, en inglés), también sostuvo que antes era más difícil que un artista se hiciera famoso, y que quienes lo lograban era porque creaban un movimiento o hacían obras realmente extraordinarias y significativas, pero que hoy en día las cosas han cambiado en este sentido.

“Hoy en día vemos artistas famosos que para muchos no son realmente buenos, y que incluso ellos mismos no se consideran artistas, pero si grandes negociantes. De ahí casos polémicos como el de Damien Hirst. Podemos pensar hoy en día al artista como una marca comercial, siendo la marca su firma, su imagen. Tenemos en nuestra cabeza un número de marcas reconocidas, por ejemplo, Apple o Coca Cola, cuyos nombres conoce cualquier persona y saben de su importancia; eso mismo sucede con los ciertos artistas que han trascendido como iconos en la historia del arte y cuyos nombres son conocidos por la mayoría de la población: Van Gogh, Picasso, Dalí. Personajes que vemos a través de nuestro paso por el colegio y que así las personas no estén dentro del mundo del arte, han escuchado sobre ellos y saben quiénes son gracias a la historia del mundo, conversaciones, películas, etc.”, explicó Serrano.

Cuando los artistas se hacen relevantes en el mundo del arte por su obra plástica es porque la obra es innovadora y tiene una propuesta distinta.

Daniela García

Al respecto, la académica de Daniela García resaltó el ejemplo del artista colombiano Alejandro Obregón, que antes del Salón Nacional de Artistas no había entrado a ningún circuito de arte conocido, ni ninguno de sus cuadros sobre sucesos violentos se había resaltado antes a pesar de que muchos artistas habían hecho manifiesta la violencia de manera más explícita.

“La llegada de Obregón con una propuesta de las circunstancias dadas la manera de representar la violencia da un giro a través de la estética, representada estéticamente compatible con el parámetro de belleza de la época y logró poner dicha representación, casi por primera vez, de escenas tan violentas, en un Salón Nacional de Artistas. Este ejemplo es importante porque también muestra que cuando los artistas se hacen relevantes en el mundo del arte por su obra plástica es porque la obra es innovadora y tiene una propuesta distinta, no como una cosa espontánea sino representativa en su contexto, como una reinterpretación de algo que genera un impacto social. También pasa, desde luego, que la lógica comercial responde al posicionamiento del artista en círculos de poder, relaciones y reconocimiento, y ahí algunos podrían enmarcar por ejemplo a artistas como Botero, por ejemplo, o incluso Doris Salcedo. No quiere decir que una cosa u otra esté mal, sino que así pueden suceder las cosas”.

Imágen de la pintura Ícaro Calcinado, del pintor Alejandro Obregón. Imágen de la galería del Banco de la República de Colombia.

 

Para las expertas, es muy difícil que sea más reconocida la obra que su autor, pero tampoco descartaron que hay casos representativos en los que sí sucede, como es el caso del El Grito, una obra reconocida por muchos pero que a la hora de saber quién es el autor surgen confusiones.

“Artistas como Escher, cuyo nombre puede no ser reconocido pero cuyo movimiento infinito vemos frecuentemente en nuestra vida cotidiana es uno de esos casos, o incluso la misma Mona Lisa, que la mayoría de la población mundial al ver la imagen reconocerían”, afirmó Serrano.

 

De la misma forma, concluyó Serrano, la cuestión sobre conocer o no más el nombre de un artista que su obra también es una cuestión del interés que una persona tenga por el arte, pues las redes sociales y la internet han dado más acceso a la información; por ejemplo, hoy podemos entrar por medio de un computador a los museos más famosos del mundo y conocer colecciones que antes se creía imposible lograr llegar a conocer.

De la misma forma, también hay que tener en cuenta que ya no es un caso extraño que se traigan exposiciones internacionales a los museos locales, por lo que está en cada uno valorar tanto el arte como lo que las industrias culturales nos hacen ver como lo último en artes plásticas.

 

¿Sería Elmyr De Hory un gran artista?

Quién es un artista o no es una discusión muy difícil de abordar, porque el arte, como muchas de las cuestiones humanas tiende a tratarse de una cuestión subjetiva. Al menos en la práctica, un hombre como De Hory tendría todo para lograrlo pues, como pintor era tan bueno que, se dice, logró engañar al mismísimo Pablo Picasso de que había pintado una de sus falsificaciones, así como engañó curadores de arte de toda Europa, e incluso al régimen Nazi.

Sin embargo, como explicó García, una parte muy importante de ser artista consiste en que su obra tenga repercusión y tenga un público.

“Lo cierto es que si un artista quiere vender su obra, y si no se da a conocer, no se vuelve un punto de referencia y no entra a ser un protagonista de la escena, difícilmente la va a vender. Ahora bien, sí se puede ser un gran artista sin tener una obra reconocida, pero es difícil de discutir, pues como de toda creación humana depende del reconocimiento que genere, así como de las relaciones de identidad y de cómo se construye esa creación plástica y en un símbolo reconocido. Si nadie conoce una obra, ¿qué pasa?. Eso no significa que nunca vaya a ser reconocido, pues aún hoy en día seguimos descubriendo arte de la prehistoria, del mundo romano, etc., y así se han descubierto muchos artistas, pero no es de ignorar que eso podría tomar siglos”.

Pero eso le corresponde decidirlo a cada quién, pues algunos podrían enunciar que de Hory fue el perfecto artista del engaño para el mundo del arte.