¿Estamos preparados para la nueva realidad?


Natalia Rodríguez Calvo
09 / 09 / 2020
Ciclovía
0

"¡Use el tapañatas!, ¡cubra nariz y boca!, ¡mantenga la distancia!", se escuchaba por los estruendosos parlantes ubicados en las calles principales de la ciudad. Jingles, canciones y cuñas; zanqueros, cirqueros y actores a ritmo de batucadas guiaban a los ciudadanos a disfrutar con seguridad la tradicional ciclovía de Bogotá.

Al levantarse la cuarentena y después de más de cinco meses de aislamientos preventivos y obligatorios, era normal encontrarse con cientos de personas en las calles, restaurantes y parques abiertos, vendedores ambulantes y actividades para realizar al aire libre. Era normal ese deseo de salir y empezar a vivir la nueva normalidad por salud física y mental, por esparcimiento, por salir de la monotonía o simplemente por sentir la libertad que el Covid-19 nos quitó pero ¿estamos realmente preparados para esto?

Ni el frío, ni la llovizna, ni la pandemia detuvieron a los ciudadanos para regresar a ciclovía. A pie, corriendo, con sus mascotas o subidos en bicicletas, patines y patinetas, cientos de ellos emprendieron su camino hacia distintos lugares para disfrutar su fin de semana después de que se levantaran las restricciones que teníamos en Bogotá.

Ríos de gente cruzaban por las intersecciones de las calles y los semáforos. La avenida Boyacá era el epicentro de personas que se dirigían a distintas zonas de la ciudad, y mientras las cuñas y los gritos decían que tuvieran en cuenta los protocolos, que debíamos cuidarnos y que se mantuviera el distanciamiento social, alrededor el panorama era aterrador. Niños, niñas, perros, parches de amigos y familias sumaban público en las calles de la ciudad que se convirtió en un escenario que nos recordaba que la vida tenía que seguir.

Se veían con tranquilidad haciendo actividad física, parchando por el centro, comiendo en el Parque Nacional, visitando la séptima, la Candelaria, el Chorro de Quevedo y el Mercado de San Alejo, todos viviendo la normalidad de un domingo cualquiera pero en el que esta vez, el uso de tapabocas y el distanciamiento social retumbaban en sus cabezas y se convertía en la voz que los acompañaba a todo lugar y en todo momento.

La mayoría cumplía con los protocolos de bioseguridad establecidos para poder salir a las calles, pero se veía a personas usando mal el tapabocas, vendedores sin elementos de bioseguridad atendiendo a compradores sin percatarse de las consecuencias. Aunque las actividades pedagógicas de la Alcaldía y la Secretaría de Salud estaban latentes todo el tiempo, el distanciamiento social fue casi nulo en todo el trayecto. Era imposible zafarse y asumir el protocolo de distanciamiento debido a la abrumadora cantidad de gente que estaba en las calles.

Los guardianes de ciclovía, apasionados por su trabajo, cantan, bailan y apoyan todas las actividades pedagógicas que están planeadas para que esta la ciclovía continúe a pesar de la pandemia, pero cada ciudadano a pocos centímetros de otro contradecía la tan importante labor de todos los que se encargan de cuidar a los asistentes a este plan bogotano de fin de semana.

Aunque no todos están dispuestos a cumplir con los cuidados y las normas de bioseguridad, la ciclovía seguirá en el listado de planes para hacer los domingos en Bogotá, así como los esfuerzos por educar a todos los colombianos en esta nueva etapa de reactivación con autocuidado. Lo que es cierto es que de cada uno depende que de a poco, vaya desapareciendo el miedo a salir y que la nueva normalidad sea el tránsito para regresar a lo que éramos siendo más conscientes de nosotros y de los demás.

Las campañas pedagógicas serán insuficientes si cada uno no es consciente de que esto aún no termina. Los cuidados son los que hemos debido tener durante toda la pandemia: distanciamiento social, desinfección constante, uso de tapabocas en todo momento y, sobre todo, empatía, conciencia y solidaridad.