Gino Bartali, el ciclista que transportó pasaportes falsos para salvar vidas


31 / 03 / 2017

En Florencia, Italia, un pequeño museo representa una época pasada. El espíritu de otro tiempo recorre sus rincones, el del ciclismo legendario: de ídolos, de proezas y de mitos. Ese que le ayudó a Gino Bartali a escribir su leyenda por toda Europa.

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Gino nació en 1914 en la toscana italiana. Se crió dentro de una familia humilde e inició su carrera como ciclista en un club pequeño de su pueblo llamado L’Aquila.  Allí comenzó a sobresalir y a darse cuenta de sus habilidades. Su físico privilegiado y su técnica al pedalear lo hacían único en esta disciplina.

Este italiano comenzó a destacarse prematuramente: en 1936 y con 22 años ganó su primer Giro de Italia. Este título le reafirmaría su pasión por el ciclismo; sin embargo, estuvo muy cerca de dejarlo por un suceso que lo iba marcar para toda su vida. Su hermano, Giulio, quien lo animó y lo apoyó para que se dedicara a este deporte, falleció en una competencia. Fue un golpe psicológico muy duro para él. Se deprimió, se aisló de sus seres queridos. Guardó la bicicleta en el sótano  y dejó de entrenarse.

Después de algún tiempo, lograron convencerlo para que volviera a la actividad. En definitiva, esa era la mejor forma de honrar a su hermano. Regresó al ciclismo y en 1937 volvió a ganar el Giro. En esa época, el fascismo regía en su país y Benito Mussolini ansiaba ver a un italiano triunfar en Francia. Había intuido que el deporte podía ser importante para su régimen, así como lo hizo Adolfo Hitler en los Juegos Olímpicos de 1936. Obligado, Gino renunció a la ronda itálica, fue al Tour y ganó. Tras su victoria lo bautizaron como ‘el ciclista del régimen’. Apodo que él no compartía, todo lo contrario, Bartali tenía un enorme pensamiento antifascista. La política no le llamaba la atención.

Gino Bartali

Decía que quería hacer lo que mejor sabía, que era montar en bicicleta. Y en bici fue que se adueñó de las carreteras y se ganó el amor de los aficionados. En tres años conquistó dos veces la ‘Corsa Rosa’ y un Tour. Era el gran ciclista del momento. Para los expertos, Gino Bartali, significó el esfuerzo, el sacrificio y la fuerza de un hombre que utilizó su mente y su físico para ser el mejor. Cuando el cansancio aparecía, él emergía.

Debido a la guerra perdió años de madurez. Fueron cinco años sin correr. Pero aunque suene contradictorio, fue una época que le sirvió para dejar huella, para dejar un legado, para escribir una historia. Como era una persona reconocida nunca tuvo problemas para transitar por Alemania, Italia y hasta la misma Francia. Se aprovechó de esto para crear una red interreligiosa formada por cristianos y laicos, para ayudar a los judíos que eran enviados a los campos de concentración.

El rol de Bartali era ser una especie de mensajero que llevaba los papeles falsos de los judíos para darles una nueva identificación. Él escondía los documentos en el marco de su bicicleta. Hacía 300 kilómetros de recorrido. Y así, bajo la apariencia de normales entrenamientos entre 1943 y 1944 transportó pasaportes para salvar vidas. Se beneficiaba de su popularidad, entrenaba pensando que nadie lo iba a registrar. Esas, en realidad, fueron los trazados más arriesgados, las pedaleadas más heroicas de alguien que con el paso del tiempo se convertiría en leyenda.