3 migraciones importantes que recibió Colombia


Sebastián Acosta Alzate
11 / 12 / 2018
Migrantes
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El orden mundial ha trazado muros invisibles que establecen quién puede cruzar y quién no; aún así, muchas veces las crisis económicas u oportunidades de mercado han determinado grandes migraciones que han impactado Colombia. Aquí haremos un recuento de las más significativas.

Los flujos migratorios ya sea por tierra, mar o aire han permeado las fronteras colombianas. Tantos han sido los viajeros que han pisado nuestras tierras que algunos estudios han podido evidenciar huellas árabes, judías y japonesas.

 

Aunque nuestro ejemplo más reciente es el éxodo venezolano con más de 870 mil venezolanos—casi un millón—, lo cierto es que por nuestra ubicación geográfica hemos recibido una multiplicidad de migrantes que, más allá de llegar en busca de una nueva vida, han compartido con nosotros sus costumbres y han dejado huella en nuestra cultura.

A continuación recopilamos tres grandes migraciones que recibimos en Colombia.

 

Influencia árabe

A pesar de la complejidad de su lenguaje, los árabes se hicieron entender en medio del castellano desde finales del siglo XIX en la década de 1880. Según la Universidad del Norte, eran procedentes de países como Siria, Líbano, Palestina y Jordania.

Lo curioso es que para llegar a Colombia utilizaban pasaporte turco, de allí se explica la mala costumbre que surgió en el siglo XX de llamarlos "turcos", cuando en realidad son países, lenguajes y culturas distintas.

 

La gran mayoría de ellos –sirios y libaneses– se ubicaron en la costa norte colombiana, específicamente en Barranquilla, Cartagena, Montería, Santa Marta, Sincelejo y Maicao. Una vez conocieron la vida comercial y portuaria empezaron a moverse hacia el interior del país.

Y es que el tema del lenguaje en Colombia era complicado por la diferencia morfológica de sus letras y lectura inversa de los textos. Claro que no es lejana del todo, pues existen palabras en español que son muy parecidas a la hora de pronunciarlas en árabe.

Por ejemplo, blusa se dice bloosa; pantalón se dice bantalon; camisa se dice kamis; azúcar se dice sookar; guitarra se dice qithara; música se dice moseka.

Esas palabras apenas son un acercamiento ligero de la relación con el árabe, pues en Colombia ya existe un especial digital publicado en 2011 por el Banco de la República, que si titula El Baúlde Amal Abisambra, donde abarca 100 años de historia de la migración árabe a Colombia (1880-1980). Allí es posible evidenciar documentos de prensa, cartas de amor, pasaportes y fotos.

Vale la pena destacar que este proyecto digital fue inspirado en el libro Los Árabes en Colombia, del rechazo a la integración, escrito por Paula Vargas Arana y Luz Marina Suaza, al cual puedes acceder aquí para profundizar tus conocimientos sobre este tema.

La costa atlántica tuvo una influencia notoria especialmente en Barranquilla; no obstante, en Maicao también se acentúa la presencia árabe especialmente por la práctica del Islam, pues allí se encuentra una de las comunidades más importantes y numerosas de Suramérica y se construyó una de las mezquitas más grandes de la región.

Mezquita

Mezquita de Maicao

 

Migración judía

El pueblo judío alrededor del mundo ha sufrido constantes persecuciones, entre las más recordadas por la historia están las promovidas por la inquisición española en el siglo XV y cinco siglos después (siglo XX) con el holocausto nazi.

Esto ha provocado un espíritu nómada en estas comunidades, quienes han tenido distintos asentamientos alrededor del mundo, incluyendo Colombia.

Según estudios de la Universidad de la Sabana, después del proceso independentista se pudo constatar que en 1819 el gobierno local reconoció el derecho legal a los hebreos para establecerse en el país (únicamente en la costa) y vivir con plenitud su libertad religiosa.

 

Tan respetado fue ese derecho que en 1832 ya había un cementerio judío en Barranquilla fundado por Abraham Isaac, ciudad donde se fortalecieron por su gran habilidad en el comercio del tabaco. Años después, en 1854, llegó el primer gobernador judío de nombre David Pereira, un notable líder de la comunidad sefardita entre los judíos radicados en esta zona.

Muchos de ellos antes de llegar a Colombia estaban viviendo en Curazao dado que algunos líderes establecieron alianzas con Simón Bolívar y su proyecto libertador para vencer a los españoles. Infortunadamente se desató una epidemia de viruela acompañada de una gran depresión económica que obligó a muchos a emigrar a nuestras costas.

Según el portal académico Journals Open Edition, Bolívar encontró un apoyo fundamental en los judíos, al punto de que en 1823 concedió los primeros permisos de navegación a Juan Bernardo Elbers para viajar por el río Magdalena. Tras esta iniciativa se empezaron a crear empresas de transporte fluvial.

Fue realmente significativo el impacto social de los migrantes judíos y árabes en el caribe colombiano. Estudios de Louise Fowcett y Eduardo Posada Carbó señalan que, durante los siglos XIX y XX, Barranquilla era la ciudad más cosmopolita del país, algo que se acentuó más en el siglo XX por la oleada de guerras en Europa –tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial- que fueron factores determinantes para que los judíos llegaran a América y encontraran un nuevo estilo de vida, lejos de los espías de la Alemania nazi de Hitler.

Entre las ciudades que más influenciaron se encuentran Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá, lugares que actualmente cuentan con sinagogas activas.

 

Llegadas desde Japón

En Cali, Valle del Cauca, se registró oficialmente un numeroso (no masivo) grupo de japoneses el 16 de noviembre de 1929, varios de ellos originarios de la isla de Kyushu. Según resaltan los estudios, aquí en Colombia se destacaron por ser tremendos agricultores y jardineros.

Todo empezó en 1889 cuando Estados Unidos, Australia y gran parte de Europa, bloquearon de sus fronteras a Japón. Desde ese momento empezó una búsqueda importante por encontrar otros territorios donde se pudieran asentar y empezar una vida tranquila. No obstante, con las dos guerras mundiales que se vivieron les quedó difícil llegar a este territorio.

Es por esto que en 1924 “hubo un gran cambio en la orientación que le dio el Gobierno japonés a la emigración internacional. En este año el gobierno envió a Sudamérica una misión comercial con el fin de que se investigaran las posibilidades de comercio e inmigración”, señaló Inés Sanmiguel en su libro En pos de el dorado. Inmigración japonesa a Colombia.

Aunque la mayoría (250.000) –según Sanmiguel– aprovechó esa visión política para dirigirse a Brasil y Perú, fue el objetivo de tres grupos de apenas 159 japoneses que ingresaron por Buenaventura teniendo como meta trazada el Cauca. La mitad de ellos tenía menos de 14 años y estaban conformados por 20 familias.

Si deseas profundizar sobre la vida y anécdotas de estos japoneses que llegaron a nuestro país, puedes acudir a este recurso académico que también fue redactado por Inés Sanmiguel; allí podrás encontrar información sobre tratados internacionales entre Colombia y Japón, además de su apoyo en la mano de obra como bananeros y el caso especial de Tomohiro Kawaguchi, el primer emigrante japonés en nuestro país que embelleció el Parque de la Independecia en el centro de Bogotá por sus amplios conocimientos en jardinería.