¿Podemos hablar en casa de política o religión?


David Jáuregui Sarmiento
17 / 05 / 2018
Serie "¿Qué harías tú?"
Los niños participan en ¿Qué harías tú? para resolver problemas de la cotidianidad

A medida que la vida transcurre experimentamos situaciones de las que aprendemos, pero también que dejan dudas e inquietudes que pueden ser más fáciles de resolver hablándose en casa, pues las relaciones de comunicación que tejemos en el hogar permiten abrirnos con los seres más cercanos para reforzar nuestro aprendizaje o hacernos nuevas preguntas.

Por ejemplo, temas de religión, política, de relaciones personales o de situaciones que parecen simples pero que a veces necesitan deliberación para ser aclaradas, como un dilema ético en el trabajo o en una institución educativa.

No es de extrañarse que a diario nos enfrentemos a situaciones que requieran tiempo de reflexión, porque tomar decisiones sobre una u otra cosa puede ser determinante para lograr objetivos, así den la impresión de ser sencillos, como mantenerse honesto o lograr una meta que de otra forma podría no tener posibilidades de lograrse. Pensar, por ejemplo, en qué haría otro en su lugar puede ser una forma de hacer reflexión sobre tales decisiones, y esa es precisamente la propuesta de producciones como ¿Qué harías tú?, serie de Mi Señal, la franja infantil de Señal Colombia.

Nueva temporada: ¿Qué harías tú?
Estreno martes 2 de octubre, 11:00 a. m. y 6:00 p. m.

 

 

En la propuesta de ¿Qué harías tú?, los personajes se ven atrapados en un dilema, pero esta vez quienes discuten sobre qué salidas o qué decisiones deberían tomarse frente a los dilemas son los niños, quienes exploran en una conversación conjunta el papel que jugarían si estuvieran en una situación similar. De esta manera, al aportar con sus diferentes puntos de vista, pueden ayudarse mutuamente a comprender la complejidad de los dilemas éticos, y de lo que significa ponerse en la posición del otro para resolver situaciones complejas.

Sin embargo, el ejercicio que propone ¿Qué harías tú? dista de ser una actitud constante, por ejemplo, en espacios como el hogar, en donde la comunicación entre los miembros de la familia puede no ser tan sencillo como un simple ejercicio hipotético televisado, y en el que las situaciones a resolver son reales y no hipotéticas.

Además, existen algunos temas tabúes como la política o la religión que más allá de discutirse para resolver dilemas pueden desencadenar en discusiones apasionadas que no solo no resuelven un problema, sino que además lo agrandan. No en vano un dicho popular ampliamente utilizado en el día a día reza: “en la mesa no se habla de política o de religión”. La mesa, el lugar donde tradicionalmente se encuentran las familias y hablan de su cotidianidad, y en donde los miembros de la familia comparten un espacio íntimo debería ser, precisamente, el lugar donde las personas aprenden a abrirse y a discutir sobre aquellas cosas que entre otros -desconocidos- generan desencuentros.

Sin embargo, lograr ese objetivo requiere tanto voluntad, como saber abrir los canales de comunicación entre los diferentes miembros de las familias, así como la comprensión de que las diferencias de pensamiento o de puntos de vista en diversas situaciones no necesariamente representan algo malo, sino más bien todo lo contrario.

“Lo primero que favorecen los espacios de diálogo son los lazos de comunicación y de conocimiento del otro. Uno puede entablar en familia conversaciones de política por ejemplo para conocer al otro, con el objetivo de más allá de buscar las divergencias, puntos de diferenciación que favorezcan el conflicto, es más importante buscar puntos en común. En caso de divergencias hablarlas nos enseña a manejarlas y a buscar puntos de mediación.”, Andrea Areiza, psicóloga de la Universidad Santo Tomás.

Areiza agregó: “Saber cómo funciona la otra persona de la familia, en qué red de pensamiento y círculos sociales se moldea otro miembro de la familia puede ser una ganancia significativa para un padre o madre de familia; no para juzgar sino para conocer y orientar. Los discursos que tienen componentes emocionales como la política permiten levantar barreras con los más jóvenes, con quienes prima la emocionalidad y no la racionalidad. Lo importante es no centrarse en la divergencia sino a partir de esa divergencia construir espacios familiares”.

De esta forma, ver en familia contenidos como ¿Qué harías tú?, películas, series o incluso debates políticos también puede ser una forma de fomentar el diálogo en familia de temas que pueden resultar espinosos por la facilidad con la que despiertan pasiones, pero también puede promover reflexiones consensuadas en el núcleo del hogar que pueden hacer la diferencia en momentos claves de la vida en los que los dilemas éticos y decisiones importantes de la vida adulta, como determinar por quién votar a la presidencia, son tan inevitables como necesario hacerlo de la forma más responsable posible.