Emprender es para revolucionarios


David Jáuregui Sarmiento
26 / 10 / 2018
Imagen de la serie Tan cerca y tan lejos.
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La serie Tan cerca y tan lejos, que hace parte de la megaserie Colombia desde adentro, llega a las pantallas de Señal Colombia para mostrarnos cómo podemos ser revolucionarios a través del emprendimiento. Esta producción muestra los casos de varios municipios de Cundinamarca afectados por el conflicto pero que, con determinación, superaron sus heridas con avances económicos.

Si algo se ha descubierto sobre ser revolucionarios es que las armas no tienen que ser la constante que los caracteriza, sino más bien la búsqueda de cambios rápidos y profundos que beneficien a quienes nos rodean.

Por eso, en los municipios de Pacho, San Cayetano, La Palma, Mata de Ramo y Villagómez, Paime y Topaipí sus habitantes iniciaron proyectos que han cambiado las perspectivas que tenían cuando sufrían las inclemencias de la guerra interna.

Tan cerca y tan lejos

Del Jueves 1 al jueves 8 de noviembre, 9:00 p. m.

Las iniciativas que se ven en la serie retratan las revoluciones económicas locales que han logrado los habitantes de estas poblaciones a través de emprendimientos que antes no se veían en la zona y que según organizaciones como la fundación de la ANDI (Asociación Nacional de Empresarios de Colombia) son cada vez más recurrentes en los lugares que sufrieron el calor del conflicto, así como de quienes hicieron parte de él.

“Creemos que el papel del sector privado debe centrarse en lo que, sin lugar a dudas, es el mayor desafío del posconflicto: incluir en su cadena de valor a comunidades y territorios que han sido tradicionalmente excluidos de las dinámicas económicas (personas en situación de pobreza, en ruta de reintegración, en situación de discapacidad, minorías y fuerza pública retirada) (…) En estos proyectos de inclusión ganan las empresas y gana la población vulnerable que logra aumentar sus ingresos y mejorar su calidad de vida al tiempo que desarrolla habilidades productivas y empresariales que permiten la sostenibilidad de sus negocios”, dijo a Señal Colombia Isabella Barrios Morales, Directora de la Fundación ANDI.

 

Solamente la fundación de la ANDI ha apoyado 98 empresas con 211 aliados, beneficiando a más de 7.000 personas relacionadas con el conflicto armado colombiano, de 103 organizaciones de poblaciones vulnerables ubicadas en 51 municipios de 23 departamentos colombianos, una cifra importante teniendo en cuenta que uno de los grandes problemas de la disputa armada era la falta de posibilidades de los municipios más alejados para unirse a las cadenas productivas del país.

Eso quiere decir que el posconflicto ha abierto las puertas a algo que antes tenían vedados millones de colombianos: buscarse la vida y hacer empresa al margen de los actores armados de la violencia.

No deja de ser un hecho revolucionario que durante el posconflicto quienes en el pasado se quedaron con las tierras de los campesinos, promovían los cultivos ilícitos u obligaban a los colombianos a hacer parte de uno u otro bando en la guerra, ahora se han volcado a hacer empresas como forma de superar el pasado.

Imagen de la serie Tan cerca y tan lejos

 

Casos y cifras

De acuerdo con la revista Dinero, en su artículo Emprendedores que le aportan a la paz y se la juegan toda en el posconflicto, el saldo de excombatientes de las Farc que tendrán que cambiar de actividad productiva es de más de 8.000 personas y, mientras unos ven problemas, los revolucionarios ven oportunidades de emprendimiento.

Ya para 2017, Joshua Mitroti, director de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, dijo a esa revista económica que al menos 400 emprendimientos se habían generado como producto de la dinámica de encadenamiento de las unidades de negocio de las personas en etapa de reinserción.

Creemos que el papel del sector privado debe centrarse en lo que, sin lugar a dudas, es el mayor desafío del posconflicto: incluir en su cadena de valor a comunidades y territorios que han sido tradicionalmente excluidos de las dinámicas económicas.

Isabella Barrios Morales, Directora de la Fundación ANDI

La misma directora de la Fundación de la ANDI, ya para 2017 había identificado que los sectores lechero, cacaotero, de confecciones, alimentos, servicios, construcción, entre otros, se verían beneficiados por las nuevas iniciativas de emprendimiento y trabajadores que antes jugaron un papel importante en el conflicto, bien fuera como combatientes o víctimas.

 

Un ejemplo que podemos destacar fue el de la compañía Levapan, empresa que, con apoyo de la ANDI, ayudó a 150 militares privados de la libertad y otras 168 personas en ruta de reintegración para la formación en conocimientos de Panadería, así como en el fortalecimiento de un plan de vida con el que cambiar el rumbo del pasado. Personas de Cali, Tolima, Medellín, Guajira, Cesar, Bogotá y Caquetá hicieron parte del programa.

Según la ANDI y Levapan como resultado adicional la empresa de panadería agregó 318 clientes potenciales a la compañía y, si bien el resultado depende de lo que haga cada persona con lo aprendido, las oportunidades para empezar negocios quedan abiertas.

“Emprender no es fácil, pero hemos recorrido un camino de aprendizaje que nos ha llevado nos ha llevado a un crecimiento que nunca hubiéramos pensado. Cosas que parecieran básicas como hacer una cotización, una cuenta de cobro, planear un presupuesto y demás. Ya somos competitivos frente a otras empresas, crecimos en planeación de nuestro negocio, nuestra mentalidad como empresarios para pensar en el largo plazo y crecer como emprendimiento. Actualmente vendemos en ferias y a través de la Fundación ANDI, a empresas como Aviatur, Pavco y Juan Valdez”, dijo Minellis Altamiranda Gómez, fundadora de la empresa Mi rancho artesanal.

Emprendedora apoyada por la Fundación ANDI

 

Altamiranda, quien fue desplazada por la violencia en Sucre hace más de 25 años, hoy tiene una pequeña compañía en Usme, en Bogotá, en la que trabaja con 20 personas del barrio, especialmente mujeres talladoras, especialistas en alta costura, confección, jarronería, entre otros oficios.

En nuestro equipo hay manos de personas indígenas, afrocolombianas, mestizas, mujeres que llevan a la artesanía a otro nivel” agregó la empresaria.

Isabella Barrios Morales, Directora de la Fundación ANDI

Otro caso para resaltar es el de Carlos Julio Bernal y Alejandra Gualteros, dos personas que se unieron a la revolución de no creer más en la guerra y sí en el porvenir y que, a pesar de ser cada uno contrarios en el conflicto, hoy son fundadores de Apiarios La Bonanza.

 

Esta empresa hoy en día tiene ya 100 colmenas en Huila, Tolima y Santander, y según cuentan, tienen dentro de sus planes un importante expansión a nivel nacional. Además de la miel, con Apiarios La Bonanza promocionan lo típico boyacense y las artesanías de Ráquira y, como si fuera poco, entre sus clientes figuran empresas como el Banco Caja Social, Colmena, y empresas en Bucaramanga.

Este es un caso de una compañía conformada por un excombatiente de un grupo armado y una mujer desplazada por la violencia que, sin importar el papel que jugaron durante el conflicto, hoy en día están unidos para hacer a un lado el pasado y construir junto con muchos otros afectados un futuro para ellos y sus familias.

Y tú, ¿de qué otras formas piensas ser revolucionario?