La guerra contra las mujeres


Sherly Montaguth Gonzalez
16 / 02 / 2017
Mujeres del Congo.
Mujeres del Congo.
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Señal Colombia presenta en pantalla La guerra contra las mujeres, un documental sobre la violencia sexual contra la mujer como arma de guerra en contextos de conflicto armado internacional.

 

Historias de 11 mujeres en 4 países

Tres años para recorrer tres continentes fue lo que le tomó a Hernán Zin, periodista y documentalista, para realizar esta película.

Mujeres de diferentes edades, países y etnias relatan en primera persona las memorias de haber servido como arma de guerra en contra de su voluntad. Todas ellas, a pesar de sus diferencias, comparten lo mismo: una vida marcada por la violencia sexual en tiempos de guerra.

Para Hernán, la gran pasión de su vida es contar historias. Esa pasión lo ha llevado a recorrer más de 50 países en busca de historias de pobreza extrema y guerra. Con su experiencia le dio el toque cinematográfico a los testimonios de estas mujeres de Bosnia, Ruanda, Uganda y el Congo, países que han sufrido conflictos armados internos en los que la violación se convirtió en una efectiva estrategia de guerra en contra del enemigo.

Me violaron tres hombres. Cuando terminaron, cerraron la puerta y se fueron.

El documental también cuenta con algunas voces de trabajadoras sociales y expertos que dan una mirada más profunda al contexto de las guerras que convirtieron a estas mujeres en víctimas, y explican las heridas físicas y psicológicas que dejan en ellas.

 

La violación como arma de guerra

El abuso sexual en medio de un conflicto armado usualmente se piensa como consecuencia de este, no como una estrategia de guerra en contra del enemigo.

Lo cierto es que la mujer ha sido víctima y las voces del documental La guerra contra las mujeres dan cuenta de esta realidad.

Esto ha probado ser una estrategia muy efectiva para diferentes fines, por ejemplo, su uso como táctica de miedo en pueblos que sufren genocidio o limpieza étnica. Con un grupo pequeño de mujeres violadas en una comunidad se propaga el miedo que lleva al desplazamiento forzado, como ocurrió en Ruanda, en donde se estima que entre 250,000 y 500,000 mujeres y niñas fueron violadas en medio del genocidio de 1994.

 

Durante el Genocidio de Ruanda, extremistas de la etnia Hutu tomaron enfermos de SIDA y los entrenaron como violadores con el propósito de dar muerte pero de manera lenta. Se dice incluso que los violadores le hacían saber a sus víctimas que iban a ser contagiadas con VIH.

Así, uno de los objetivos militares durante fueron las mujeres Tutsi –o cualquiera que tuviera que ver con un hombre Tutsi– en una guerra aparentemente étnica pero que científicamente no tiene ninguna base etnográfica ni cultural, ya que los cientos de años de cruce entre Hutus y Tutsis los han llevado a compartir las mismas características físicas, culturales y lingüísticas.

Consiguieron destruir lo que se puede destruir en una mujer: su dignidad.

Bakira (Bosnia y Herzegovina)

Otra muestra del uso del cuerpo femenino en conflictos étnicos está en la historia la Guerra de Bosnia, en la cual fueron violadas sistemáticamente entre 20,000 y 40,000 mujeres musulmanas en una guerra entre etnias posterior a la división de la antigua Yugoslavia. Durante el conflicto fueron secuestradas, encerradas, violadas y embarazadas para así perjudicar a su comunidad y asegurar que parieran bebés serbios.

Sin embargo, embarazadas o no, los traumas de una violación son tan severos que muchas mujeres víctimas son incapaces de llevar una vida sexual, lo que inevitablemente representa una disminución de la población de su etnia.

Mujer víctima del conflicto en Bosnia y Herzegovina

Bosnia. Entre 20,000 y 40,000 mujeres musulmanas fueron violadas sistemáticamente.

 

En la República Democrática del Congo, territorio con décadas de inestabilidad política, económica, y varias guerras sucesivas, la historia es similar pero se reconoce como la peor. Básicamente, al Congo se le conoce como la "Capital mundial de las violaciones" y se estima que unas 200,000 mujeres han sido víctimas de abuso sexual.

El Congo es el peor sitio para ser mujer en la tierra.

La violencia contra la mujer también incluía violaciones en grupo, en frente de la comunidad o familia, prostitución o esclavitud sexual forzada, mutilación genital y violación con objetos como palos, botellas rotas, plástico derretido, fusiles e incluso balazos.

Jóvenes participes del conflicto armado en el Congo

Congo. Jóvenes partícipes del conflicto armado.

 

Las secuelas van más allá de las psicológicas. En la actualidad, muchas mujeres en la RDC sufren de fístulas traumáticas (ruptura entre las paredes de la vejiga o del recto hacia la vagina) producto del desgarramiento de las paredes vaginales en las violaciones. Esto las deja con incontinencias severas y sin posibilidad de ser madres; muchas de ellas sufren el rechazo por los malos olores que les provoca una condición que en ocasiones ni una cirugía reconstructiva puede arreglar.

El embarazo también probó ser un arma de guerra, ya que el aumento de población del enemigo también es estratégico.

Niñas y adolescentes han parido hijos de las milicias enemigas; a unas les arrebataron los hijos para formarlos como futuros militantes, otras los abandonaron, otras decidieron cuidarlos, pero todas comparten la depresión de cargar con esa historia.

Me metían palos en la vagina, me echaban agua. Yo sangraba y ni me miraban.

Jane (República Democrática del Congo)

África es una de las regiones más golpeadas por la violencia. En Uganda, otro país con una sucesión de guerras civiles, se libra un conflicto desde hace 30 años, uno de los más largos del continente.

El conflicto también involucra la limpieza social. Desde 1986 se empezó a gestar el Lord's Resistance Army (LRA), un grupo insurgente liderado por alguien que se autoproclama como portavoz de Dios y que pretende convertir al país en un estado teocrático guiado por los 10 mandamientos, los cuales están muy lejos de cumplir.

A los nueve años fui secuestrada por soldados del LRA. A las chicas nos repartieron entre los hombres.

Florence (Uganda)

Florence, secuestrada y abusada en Uganda.

Uganda. Florence, secuestrada y abusada por años. 

 

Se estima que en Uganda más de 60.000 niños han sido secuestrados por el LRA. El destino de las mujeres ha sido ser violadas, casadas a la fuerza, embarazadas, prostituidas o forzadas a ser esclavas sexuales.

Recientemente, nuevos casos de mujeres violadas por militares del Gobierno han salido a la luz. Los mismos que –se supone– deben protegerlas.

 

La mujer en Colombia

Nuestro país tiene muchas historias similares de agresión sexual en el contexto del conflicto armado.

Según un informe de la Unidad para las Víctimas, para el 2016 un poco más de 13.000 personas han sido víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto colombiano, de las cuales el 90% son mujeres. La gran mayoría de estos casos corresponden a acceso carnal violento seguido de acceso carnal abusivo en menores de 14 años, aunque también se han registrado otros delitos como la esclavitud sexual.

La revictimización viene con la impunidad.

Según un informe de seguimiento realizado por ONG defensoras de derechos humanos y colectivos de abogados en 2016, un 97% de los casos siguen en la impunidad. Incluso, en muchos aún no se han podido identificar los autores.

Uno de los casos más sonados en nuestro país es el de la periodista Jineth Bedoya, quien fue secuestrada y violada por paramilitares en 2000 y contó su historia nueve años después. Ella es ahora activista por los derechos de la mujer e impulsa la campaña #NoEsHoraDeCallar.

Durante nueve años decidí guardar silencio. Me sentía avergonzada. El daño que le hicieron a mi alma nunca se irá... pero ahora puedo hablar de lo que me pasó.

Jineth Bedoya, periodista y activista.

Conoce su testimonio en Los nuestros de Señal Colombia aquí.

 

La mujer como tejido de la sociedad

En una sociedad la mujer es parte fundamental; de hecho, en algunas comunidades las mujeres son las salvaguardas de los valores, la cultura y la espiritualidad. Es por esto que violar a una mujer es un ataque que va más allá de ella como individuo, convirtiendo el acto en una estrategia de guerra.

Los conflictos de Bosnia y Ruanda hicieron ruido entre 1992 y 1994, exponiendo y haciendo más que verídico el uso de la violación sistemática de mujeres como estrategia de guerra y como un crimen internacional que debía ser atendido. La justicia de ambos países juzgó los actos como crímenes contra la humanidad

Así fue como se llegó a la aprobación de la Resolución 1325 de la ONU, en donde por fin se reconoció internacionalmente el rol que las mujeres han jugado y se admitió la participación de las mujeres en las mesas de negociación de paz, así como su papel en la prevención de conflictos.