Esclavitud mental: cuando ser libre da más miedo


David Jáuregui Sarmiento
12 / 12 / 2018
Fotograma de la protagonista documental "Una mujer atrapada".
Fotograma de la protagonista documental "Una mujer atrapada".
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Evidentemente en pleno siglo XXI la esclavitud sigue existiendo, pero poco sospechamos que también podemos ser presas de la esclavitud mental, que puede lograr que alguien se someta por voluntad propia a la esclavitud moderna. El documental Una mujer atrapada, por ejemplo, de la serie documental ¿Por qué la esclavitud? cuenta la historia de una mujer que a pesar de poder ser liberada de su estado de esclavitud, prefería no hacerlo.

En el capítulo descubriremos que aunque no en todos los casos es imposible escapar a condiciones de encierro, trabajos forzados o esclavitud una persona puede llegar a renunciar voluntariamente a su libertad.

Es el caso de Marish, una mujer europea que a pesar de ser explotada y abusada por una mujer para la que trabaja como ama de llaves, sin remuneración alguna, realizando todo tipo de tareas domésticas desgarradoras los siete días de la semana a cambio de comidas, cigarrillos y un sofá donde dormir; incluso tiene que entregar el dinero que gana en un trabajo adicional como limpiadora en una fábrica. no se atreve a irse allí.

 

 

Aunque esto parece increíble, es algo real y que incluso tiene un par de denominaciones científicas: síndrome del esclavo satisfecho o del bebé elefante.

El síndrome del esclavo satisfecho, de acuerdo con la revista especializada Psicología y mente, lo presentan algunas personas que, a pesar de vivir una vida objetivamente miserable, parecen estar no solamente resignadas sino agradecidas con su existencia. Esto, según Berthrand Regader, autor del artículo Síndrome del esclavo satisfecho: cuando agradecemos los latigazos, se trata además de un mecanismo de defensa con causas sociales y culturales.

Podríamos plantearnos lo siguiente: ¿qué es lo peor que le puede pasar a un esclavo? Uno podría responder que, sin duda alguna, lo peor de la vida de esclavo es, desde luego, la humillación constante y el trato degradante que supone su condición de esclavo. Sin embargo, habría otra posible respuesta: lo peor que le puede pasar a un esclavo es sentirse satisfecho y hasta agradecido de la vida que le ha tocado vivir y del trato que recibe.

Bertrand Regader, consultor de la revista Psicología y mente en su artículo Cuando agradecemos los latigazos

De acuerdo con Regader, el problema del esclavo satisfecho no es el dolor físico que sus condiciones le causan, sino la predisposición psicológica a recibirlos y a naturalizar el ensañamiento del poderoso sobre él.

“En consecuencia, la desgracia del esclavo no son tanto las formas situacionales que sufre en su cotidianidad en términos de maltrato físico, sino la asunción del pensamiento del poderoso, que le impide plantearse y por tanto cuestionar su estado de sumisión”, explicó el experto.

 

Esto quiere decir, argumenta el experto, que las cadenas no las lleva el cuerpo sino la mente, pues acepta de forma acrítica las condiciones de vida con una pasividad resignada y sin atisbo de determinación para poder revertir su vida.

“Entre el acriticismo, la pasividad y el carpe diem (vive y deja vivir) mal entendido, nuestra mente deja de plantearse ciertas cosas, lo que a la postre significa una resignación pasiva ante las vicisitudes de la vida. De este modo, tal como actuaría un esclavo y por la indefensión aprendida que supone la nula confianza en nuestras posibilidades, acabamos siendo meros espectadores de un statu quo que creemos ubicuo y, por tanto, por sí mismo legítimo”, concluyó el psicólogo.

Esto, sumado a la indefensión aprendida, otro síndrome psicológico en el que una persona se inhibe ante situaciones aversivas o dolorosas cuando las acciones para evitarlo no han sido fructíferas, y terminan por desarrollar pasividad ante este tipo de situaciones, puede resultar en lo que también se conoce como el síndrome del bebé elefante.

 

Los expertos en gestión administrativa le llaman a este comportamiento el síndrome del bebé elefante porque cuando viven en cautiverio a estas crías las mantienen atadas a un árbol con una cadena y, cuando el elefante intenta romper la cadena varias veces y ha fracasado repetidamente, se da por vencido el resto de su existencia hasta cuando ya no hace falta mantenerlo encadenado porque ya no es capaz de escapar.

Bueno, pues así como podrás ver en Una mujer atrapada, debemos evitar auto entregarnos a situaciones o relaciones laborales sin mediar razón, pues puede mantenernos en situaciones de excesiva desventaja, como es el caso de Marish, pero que puede pasar a cualquier en muchas situaciones: desde no saber salir de un trabajo con muy malas condiciones por miedo hasta no salir de una relación sentimental tóxica por inseguridad propia y, de una forma u otra, lo que nos impide buscar mejores oportunidades son cadenas mentales, más no condiciones físicas reales.

 

Por eso los expertos como Regader explican que es de vital importancia, para evitar verse en una situación como la de Marish, cultivar el pensamiento crítico.

“Sin cultura crítica, los individuos se muestran incapaces de pensar la realidad por sí mismos. En este sentido, la existencia deja de ser un viaje en busca del bien, la verdad y la felicidad, para convertirse en una sinrazón de espejismos y estereotipos cuya apariencia se revista del bienestar que nos brinda un pensamiento impuesto y asimilado: todo por no tener la valentía de superar a tiempo las cadenas del esclavo”, concluyó el psicólogo en su artículo sobre esta problemática de auto encadenamiento.

Con el pensamiento crítico podremos ver las cosas de diferente manera, explican en la sección de Educación Ejecutiva de la revista de negocios América Economía, de forma tal que podremos cultivar hábitos sanos para mantenernos a flote sin esclavitud mental, como mantenerse positivo pese a las circunstancias, cultivar la autoestima, ser persistente con el cumplimiento de nuestras metas o cultivar una red de apoyo pensada para salir adelante.