Así se adueñaron del conocimiento los conquistadores


David Jáuregui Sarmiento
17 / 07 / 2018
Tomada de la serie "Hijos de las estrellas".
Imagen de la serie documental "Hijos de las estrellas".

La segunda temporada de Hijos de las Estrellas estará en la pantalla de Señal Colombia enfrentando los conocimientos científicos con los ancestrales que antes de la colonización ya habían desarrollado los habitantes del continente. Por eso nos preguntamos, ¿qué pasó con esos saberes?, ¿también fueron colonizados?

Con la serie Hijos de las estrellas los televidentes de Señal Colombia descubrirán los avances de conocimiento que hicieron los pueblos de América incluso antes de la llegada de los europeos al continente, un desarrollo impresionante sobre lo que los nativos americanos habían descubierto sobre los astros del universo, como el movimiento de los planetas, las estrellas y demás cuerpos celestes.

Sin embargo, algo de lo que poco se habla en las aulas de clase es cómo el conocimiento desarrollado por los pueblos antes de pasar por el proceso de colonización europeo sirvió como mecanismo de poder de los colonizadores, pues con su llegada al continente no solo se adueñaron de la libertad de los nativos, los recursos naturales que fueron explotados durante el curso de la colonización, sino además del conocimiento del mundo de los habitantes originales, desapareciendo sus avances científicos y apropiándose de ellos para sustentar su inferioridad como raza y con ello la respectiva justificación de la superioridad intelectual europea y la posterior colonización.

 

 

Precisamente, recopiladores históricos y académicos han dado cuenta a través de la investigación que en los colegios se nos enseña que a la llegada de Cristóbal Colón a América, los europeos se encontraron “indios”, así como oro, plata, alimentos exóticos, plantas y hasta animales nunca antes vistos. En el conocimiento que se imparte en las escuelas también se enseña que, a partir de allí, los europeos trajeron la “civilización” a América. Esta llegada de la “civilización”, desde luego, incluía desde la religión, la organización del poder encabezada por los reyes y la iglesia, así como todos los conocimientos científicos y los avances en materia de, por ejemplo, astrología.

Pero los académicos de América Latina han debatido desde el siglo pasado este concepto de llegada de la civilización a América de la historia oficial y han entrado a sustentar un proceso de descolonización del conocimiento recordando que, entre otras cosas, el argumento de que a su llegada solamente se encontraron con razas inferiores, casi despojadas de humanidad y más cercanas a la condición animal, era un argumento falaz, pues no solamente ya habían civilizaciones humanas en este lado del mundo, sino que los europeos tomaron conocimientos de los habitantes nativos y se apropiaron de ellos para desaparecer la condición de inteligencia de los indios.

 

“Para los españoles y otros europeos que llegaron luego, el arribo a América significó encontrarse tierras y poblaciones desconocidas por ellos hasta entonces. Para las civilizaciones que habitaban estos territorios desde hacía siglos este hecho no tuvo el mismo significado (…) Se impusieron sistemas políticos, culturales, económicos, sociales y religiosos europeos a los pueblos americanos. Para estos últimos, la conquista implicó que les arrebataran sus tierras y riquezas, transformaran su economía y organización política, abolieran sus hábitos y costumbres y demonizaran sus creencias”, explicó Gabriela Bourguignon, en el artículo “Conquista y Colonización de América”, en el portal académico de la red de cooperación económica Mercosur.

De acuerdo con la autora, varios pensadores como Aníbal Quijano, Walter Mignolo y Enrique Dussel señalan que los europeos lograron instalar un sistema de explotación y dominación basado en la clasificación social a partir de la raza. De este modo, agregó Bourguignon, se configuró una pirámide social donde los indios y los negros ocupaban el lugar más bajo del escalafón social, siendo sometidos a la servidumbre y esclavitud, seguidos por los blancos que no pertenecían a la nobleza, mientras que los blancos nobles y europeos se encontraban en la cima de la pirámide y ocupaban los puestos altos y medios de la administración colonial, civil y militar.

“Ya en su condición de centro del capitalismo mundial, Europa no solamente tenía el control del mercado mundial, sino que pudo imponer su dominio colonial sobre todas las regiones y poblaciones del planeta, incorporándolas al "sistema-mundo" que así se constituía, y a su específico patrón de poder. Para tales regiones y poblaciones, eso implicó un proceso de reidentificación histórica, pues desde Europa les fueron atribuidas nuevas identidades geoculturales”, explicó el académico Aníbal Quijano en su texto Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina.

Quijano agregó: “Pero las formas y el nivel de desarrollo político y cultural, más específicamente intelectual, en cada caso, jugaron también un papel de primer plano. Sin esos factores, la categoría Oriente no habría sido elaborada como la única con la dignidad suficiente para ser el Otro, aunque por definición inferior, de Occidente, sin que alguna equivalente fuera acuñada para indios o negros12. Pero esta misma omisión pone al descubierto que esos otros factores actuaron también dentro del patrón racista de clasificación social universal de la población mundial”.

 

De esta manera, afirman los académicos, los conquistadores expropiaron a las poblaciones colonizadas aquellos conocimientos que resultaban más aptos para el desarrollo de su sistema económico -el capitalismo-, y en beneficio del centro europeo.

De la misma forma, reprimieron tanto como pudieron las formas de producción de conocimiento de los colonizados, sus patrones de producción de sentidos, su universo simbólico, sus patrones de expresión, entre otros elementos que dieran cuenta de ingenios no propios de las razas salvajes que sustentaron habitaban el continente para justificar la invasión.

Para Quijano, por ejemplo, la clasificación racial de la población del mundo surgió después del “descubrimiento” de América y sirvió -junto con la eliminación de los conocimientos nativos- para posicionar a Europa como el centro del mundo, tanto geográficamente, como intelectual y económicamente. Para el estudioso, la asociación de los fenómenos del etnocentrismo colonial y la clasificación racial universal ayuda a explicar por qué los europeos fueron llevados a sentirse no sólo superiores a todos los demás pueblos del mundo, sino, en particular, naturalmente superiores; esto es, superiores por determinación de la naturaleza.

“Los europeos generaron una nueva perspectiva temporal de la historia y reubicaron a los pueblos colonizados, y a sus respectivas historias y culturas, en el pasado de una trayectoria histórica cuya culminación era Europa”, sentenció Quijano.

 

De acuerdo con esta perspectiva, la modernidad y la racionalidad fueron imaginadas como experiencias y productos exclusivamente europeos a pesar de que muchos de los conocimientos del “nuevo mundo” ya habían sido descubiertos por los nativos y, a la llegada de los colonos, lo único que tuvieron que hacer fue modificar el nombre que habían dado los pueblos a las cosas aprendidas y denominarlas como "sus descubrimientos".

Desde ese punto de vista las relaciones entre Europa Occidental y el resto del mundo fueron codificadas en un juego entero de nuevas categorías: Oriente-Occidente, primitivo versus civilizado, mágico versus mítico-científico, irracional versus racional, tradicional versus moderno. En resumen, Europa y no-Europa.

“Incluso así, la única categoría con el debido honor de ser reconocida como el Otro de Europa u 'Occidente', fue 'Oriente'. No los 'indios' de América, tampoco los 'negros' del Africa. Estos eran simplemente 'primitivos'”, destacó al respecto Aníbal Quijano.

 

Quijano, quien falleció el 31 de mayo de 2018, citó con frecuencia un ejemplo bastante esclarecedor en las palabras del mismísimo Cristóbal Colón.

En los diarios de los cuatro viajes que dejó el navegante español se puede ver cómo él mismo dependió de los habitantes originales no solo para reconocer el terreno, sino también para saber sobre las especies de animales y cultivos que se daban en el continente, la geografía del lugar y otros elementos para, posteriormente, darle un nombre nuevo y así determinar que era su descubrimiento, pues quienes le habían transmitido los “descubrimientos” no alcanzaban a ser denominados cristianos o seres humanos.

En un extracto del Diario de Colón, por ejemplo, el navegante recuerda las palabras que le transmitió uno de sus almirantes, donde cuenta no sólo como los nativos tenían ya un sistema de gobierno propio, desarrollado en señoríos similar al de los españoles, sino que además que ellos les indicaban los lugares geográficos estratégicos ya nombrados y clasificados en sus peligros, así como tenían ya formas de protección contra las inclemencias de la naturaleza entre muchos otros conocimientos que los españoles no podían tener porque apenas llegaban al continente y que les fueron proporcionados por los nativos para luego simplemente modificarle el nombre y hacerlo suyo en nombre de la corona:

“Crean vuestras altezas que en el mundo todo no puede haber mejor gente, ni más mansa. Deben tomar vuestras altezas grande alegría porque luego los harán cristianos y los habrán enseñado en buenas costumbres de sus reinos, que más mejor gente ni tierra puede ser, y la gente y la tierra en tanta cantidad que yo no sé ya como lo escriba; porque yo he hablado en lo superlativo grado la gente y la tierra de la Juana, que ellos llaman Cuba; más hay tanta diferencia de ellos y de ella a esta en todo como el día a la noche, ni creo que otro ninguno que esto hobiere visto hobiese hecho ni dijese menos de lo que yo he dicho, y digo que es verdad las cosas de acá y los pueblos grandes de esta isla española, que así la llamé y ellos le llaman Bohío, y todos de muy singular tracto amoroso y habla dulce (…) verdad es que todos se tiñen unos de negro y otros de otra color, y los más de colorado. He sabido que lo hacen por el sol, que no les haga tanto mal, y las casas y lugares tan hermosos, y con señorío en todos como juez o señor de ellos (…) y su mando es lo más con hacer señas con la mano, y luego es entendido que es maravilla”.