¿Qué tanto poder tienen los memes de internet?


David Jáuregui Sarmiento
01 / 06 / 2018
Meme "Surprised gasp"
Meme "Surprised gasp"

Los memes, para mal o para bien, hacen parte de la vida cotidiana de los usuarios de internet y redes sociales pero, además de transformar la forma en la que nos comunicamos, ¿qué tanto poder tienen? Analizamos nuestra responsabilidad en la cultura digital del meme.

Los memes, imágenes con texto y pequeñas narraciones sencillas, se han popularizado entre los usuarios de redes sociales como una forma de expresión acerca todo tipo de aspectos de la vida cotidiana: desde simples curiosidades como la interacción en los medios de transporte masivo o un torneo de fútbol, hasta la popularidad de una película o, como se ha vuelto frecuente, para denotar opiniones sobre la política nacional. Pero, esta facilidad puede constituir un problema sobre la responsabilidad, pues se trata de publicaciones que, sin el debido análisis, pueden servir como impulsores de mensajes errados o excesivamente parcializados.

Por eso, plantean los expertos, ¿debemos tener cuidado al compartir memes de temas clave de la sociedad como la política?

 

Para los expertos en comunicación, nuevas tecnologías, ciencias sociales o políticas, la proliferación del meme se ha convertido en un fenómeno de estudio debido a la importancia que ha adquirido como medio de expresión de masas, así como por su capacidad de promover cambios de perspectiva sobre temas cotidianos o, incluso, por su capacidad de funcionar como una radiografía de las diferentes manifestaciones de la opinión pública sobre cualquier tema. También, porque ha llegado a convertirse en un nuevo elemento del espectro cultural del mundo: los memes constituyen hoy en día una de las formas más populares de manifestar opiniones colectivas sin necesidad del lenguaje escrito (como en Twitter), sino limitándose a una imagen que en su interior puede tener o no textos muy cortos.

Es decir, el meme se ha convertido en una forma extendida entre la población de manifestar el estado de las cosas a partir de imágenes sin la necesidad de recurrir a una composición escrita con base en argumentos, o estableciendo premisas para establecer una u otra posición, y prima la imagen como un todo que ya contiene todos esos elementos. Eso, palabras más palabras menos, permite interpretar al meme como una forma de comunicación rápida, que no depende necesariamente de la producción de texto pero sí tiene impacto comunicativo muy efectivo.

Meme que circuló en redes durante la contienda presidencial de 2018.

Al respecto, vale la pena recordar que, en Colombia, según la compañía analista de internet We Social, al menos el 63% de toda la población -unos 31 millones de ciudadanos- tienen acceso a internet. Según dicha compañía, la misma cantidad de usuarios de internet son usuarios activos de redes sociales y, en otras palabrastodo aquel que en el país tiene acceso a este servicio también hace parte de al menos una red social. De la misma forma, de esos 31 millones de colombianos que identificó We Social, al menos 29 millones son usuarios activos de redes sociales en sus teléfonos celulares, al punto que para enero de 2018, en el top 10 de páginas más visitadas por los colombianos se ubicaron las redes sociales Facebook, Twitter y la red de comunicación WhatsApp, redes claves en la participación política colombiana.

Estas son las plataformas en donde, sin lugar a dudas, salvo en raras excepciones, se comparten o se difunden los memes, y es un hecho que también despierta inquietudes: ¿podría llegar en algún momento a convertirse en una forma de comunicación tan poderosa como la voz en la radio o los contenidos audiovisuales en la televisión solo que, con mucha menor complejidad en su producción y, por tanto, mucho más democráticas que la radio o la TV? ¿Qué tan beneficioso o perjudicial podría resultar el meme en dicho escenario?

Precisamente, algunas de las primeras observaciones respecto a la capacidad del meme de replicarse con la forma en que lo hace recae en que, si bien su mensaje es claro, su profundidad rara vez lo es. Para Pavla Fuertes, investigadora y docente de Teorías de la Comunicación de la Universidad Externado y Magíster en Estudios Culturales de la Universidad de los Andes, la democratización de la información y la comunicación han dado como resultado formas de comunicación efectiva como los memes, relativamente fáciles de entender y producir, pero con dos componentes que no juegan a su favor: la gratuidad (facilidad) de replicarlos y la falta de contexto y análisis que vienen con el mensaje.

“El meme, si efectivamente tiene un mensaje, es demasiado amplio para que mucha gente lo pueda entender; entonces, en principio, se acerca a temas como lo haría un líder de opinión pública, solo que sin que haya detrás una voz crítica-analítica. Al multiplicarse, el contenido, por escaso que sea, se convierte en una especie de verdad, como sucede con las fakenews (noticias falsas). Otro problema es que una imagen, acompañada o no de un texto, que normalmente es muy escueto, no alcanza para dar cuenta de un contexto y se le endilga al espectador la capacidad de entender todo el mensaje contenido en la imagen. Eso es ideal para la democratización de la información, porque transmite un mensaje -una información- de forma masiva y con una velocidad sin precedentes, pero tiene también series consecuencias negativas en algunos casos”, explicó Fuertes.

Meme sobre noticias falsas con personajes de la película Toy Story

La académica continuó: “pero eso no es tan simple: el meme trae consigo representaciones de algo que puede o no ser cierto y esencializa el mensaje. En otras palabras, todo el mundo puede tener una información mínima frente a algo que se refleja en la imagen, pero eso no quiere decir que realmente entienda el contexto que rodea la imagen y por tanto su interpretación, así como divulgación rápida, puede no estar mediada por una verdadera reflexión sobre el tema de la imagen. Al final, así como constituye una forma de comunicación masiva muy efectiva, también puede convertirse en una comunicación errada o malintencionada que se transmite con la misma efectividad, porque el mensaje no es discriminado por su veracidad para su proliferación, y tan solo hace falta que la gente de un ‘me gusta’ o lo comparta en sus redes”.

Luis Fernando Medina, profesor asociado de la Universidad Nacional, investigador interesado en  nuevas tecnologías y medios alternativos, y aspirante a PhD en Media Arts (artes de los nuevos medios) de la Academia de Artes y Medios de Colonia (Alemania), concuerda con la investigadora del Externado: la efectividad de replicarse del meme se debe al uso de un lenguaje sencillo que es de fácil consumo en el mundo acelerado de internet, específicamente de las redes sociales, pero también porque muchas veces usa imágenes de la cultura popular o de situaciones cotidianas, por lo cual acude a códigos visuales que los consumidores ya conocen de antemano, facilitando su entendimiento. “La facilidad en su elaboración convierte a cualquier consumidor en un posible productor de contenidos, estimulando la participación en la cultura de los memes. Además, el que se puedan adaptar y remezclar muchas veces provoca que el campo de interpretaciones y contextos al que se aplica se vaya ampliando con el tiempo”, comentó Medina.

 

Los memes no son el problema, sino más bien su uso irresponsable

Los expertos, sin embargo, no dudan en recalcar las voluntades del meme, pues el que sea una cultura participativa tiene mucho de valioso para la sociedad, porque la libertad de producir contenidos masivos tiene tantas ventajas como desventajas. “Aunque igual la mayoría de las personas puede solo consumir memes (y no hacerlos) el que exista la potencialidad y la disponibilidad de herramientas en línea para adaptar plantillas de memes ya clásicos o la alfabetización creciente en programas de manipulación de imagen, provoca que cada vez más personas se lancen a la aventura creativa enriqueciendo la esfera mediática con más puntos de vista”, explicó Medina.

Pero, por otro lado, el contenido de los memes es inmediato y superficial, por lo cual son de consumo rápido y pueden fallar si aspiran a comunicar un contenido profundo y, peor aún, si no son complementados con otros medios. “A pesar de ser generalmente jocosos, pueden estar vinculados a la difusión de información falsa (posverdad), lo cual es grave cuando se piensa en capacidad viral propia del meme; y también para llevar mensajes de odio e intolerancia, como fue el caso de "Pepe the frog" apropiado por simpatizantes de Trump o militantes de la derecha alternativa (alt-right) en Estados Unidos o, más localmente, en el caso del plebiscito de los Acuerdos de Paz en Colombia”, concluyó Medina.

Activista de la derecha alternativa de Estados Unidos con un cartel en el que aparece la rana Pepe

 

Así, como con cualquier tipo de información o de mensaje, el espectador debería tener en cuenta que la fácil proliferación del meme lo puede convertir en un aspecto que juega en contra de la sociedad, si no se trata con el cuidado que a cualquier tipo de contenido y que, por inocente que parezca, compartir una de estas imágenes conlleva una responsabilidad que debería incluir, al menos, un concienzudo análisis de las implicaciones de retransmitir el mensaje a los múltiples contactos de una red social, pues difundir contenidos sin la debida reflexión no solo es irresponsable, sino que puede desencadenar conflictos sociales, en cambio de resolverlos.

Pero no todo al rededor del meme es malo y, de hecho, sus implicaciones negativas se supeditan a que no necesariamente sirve para comunicar temas de mucha relevancia con una amplia necesidad de análisis como el caso de temas políticos, pero bien puede funcionar para formar públicos con ideas sencillas y formaciones pictográficas que dejen claras ideas sobre uno u otro tema.

Por ejemplo, páginas como Pictoline, Trust me, I'm biologist (Créeme, soy biólogo), o Memes de Ciencias Sociales demuestran que así como puede ser nocivo para la democracia, también puede servir para educar a las audiencias en temas específicos como las ciencias exactas o las ciencias sociales, aprovechando, precisamente, su transformadora facilidad para comunicarse con las audiencias.

Meme sobre Isaac Newton y la gravedad.