Luis Ospina y Carlos Mayolo, dos cazavampiros de pura sangre


Ángela Daza O. - RTVCPlay
28 / 09 / 2022
Luis Ospina y Carlos Mayolo
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Corrían los años setenta, y en los pequeños cines de Cali, comenzaban a proyectarse las películas de los grandes cineastas franceses, italianos y norteamericanos bajo el concepto de cine de autor.

La figura hipnótica y atractiva de Briggite Bardot, Monica Vitti o Lucia Bosé protagonizando películas que se imponían en la ocularidad de los bohemios e insomnes caleños, que reproducían una y otra vez estas poéticas audiovisuales en salas marginales y llenas de humo.

Piezas, que simultáneamente, se iban transformando en el punto de inspiración para la generación de cineastas que estaba por surgir en la ciudad y que, sin lugar a dudas, revolucionaría el panorama cinematográfico nacional.

Gracias al cine, con su aparente inmortalidad,
con su eterno presente y su perenne edad sin tiempo,
el film se convirtió a la larga en el relato de un sobreviviente.

Luis Ospina

El cine, junto con la música que llegaba al país a través de vinilos traídos por yuppies desde el exterior y difundidos clandestinamente entre melómanos entusiastas, como fuera el caso del Exile on Main Street de Rolling Stones, o el Abbey Road de los Beatles, junto con sonidos más cercanos como el albúm de Agúzate de Richy Ray Y Bobby Cruz, se convertían silenciosamente entre los espíritus cinéfilos, musicómanos y literatos de la ciudad, en los iconos indiscutibles de una naciente contracultura caleña.

No sería en todo caso, en medio de la fiesta dura y habitual de Cali, de los ires y venires de una juventud desilusionada, donde la figura de Andrés Caicedo partiría en dos, no solamente, la literatura escrita en el país hasta el momento, a través de su obra Qué viva la música, sino que, en compañía de otros dos fuertes espíritus intelectuales de la época como Luis Ospina y Carlos Mayolo, impondrían en la ciudad, una nueva forma de vivir el cine a través de un pequeño cineclub, que ellos mismos crearían, y que sin ninguna intención, se convertiría en la cuna indiscutible del cine colombiano.

El Caliwood de Carlos Mayolo y Luis Ospina

Caliwood, como será reconocido hasta hoy, no solo proyectó y discutió el cine de la nouvelle vague, Los westerns americanos o el neorrealismo italiano producido por cineastas como Antonioni o Brian de Palma en conversatorios o a través de los artículos matutinos de Andrés Caicedo que iban apareciendo en los boletines sabatinos de su revista Ojo al cine, sino que dicha propuesta artística y social, también se permitiría convertirse en el corazón de un movimiento cineasta de contracultura hasta el día de hoy innegable para la identidad que posee la televisión y el cine de nuestro país.

No obstante, quienes se encargarían de esculpir en el tiempo esta identidad fílmica, serían dos jóvenes directores (Luis Ospina y Carlos Mayolo), que si bien, hacían parte del origen, solo comenzarían por el fin, a construir esta historia.

Todo comenzó por el fin

Todo comenzó por el fin, de Luis Ospina, sería la última pieza cinematográfica de un sobreviviente del Grupo de Cali. Un documental que celebraría la vida al mismo tiempo que la despedida. Aquí, Luis Ospina trata de reencontrarse consigo mismo, a través del retrato de sus amigos, de los pocos buenos amigos, de los recuerdos familiares, del cine y de la música. Trata de reconciliar la muerte prematura de Andrés, con su vida; de un cáncer, que contrario al destino de los guiones de sus películas, esta vez, no podría dirigir.

Su última película podría leerse como la radiografía de toda una generación que pese a sus excesos, siempre buscó encontrarle el triunfo a las derrotas. Pero a su vez, es una película en donde el artista deja de buscar interpretar a los demás, para volcar su mirada, y rendirse cuentas a sí mismo.

En palabras de Sandro Romero Rey, uno de los más íntimos amigos de Luis Ospina, "esta película sintetiza más de veinte años de obsesiones audiovisuales, de frustraciones triunfales, es sin duda, el film que cierra la puerta y apaga la luz". Una pieza audiovisual conmovedora que nació a partir de la muerte anunciada de su creador.

Todo comenzó por el fin fue la última pieza audiovisual filmada por el último sobreviviente del Grupo de Cali.

La primera pieza audiovisual producida por estos dos cinefilos fue ¡Oiga Vea! (1971), auspiciada por Ciudad Solar (casa cultural del centro de Cali), dirigida por Carlos Mayolo y Luis Ospina, quienes decidieron a través de un cortometraje, documentar la cara oculta de la ciudad, reflejada en el rostro de todos los actores marginales y excluidos del panorama real de la Cali de los años 70; realidad e imagen que era maquillada y desestimada por el gobierno en el desarrollo de los VI Juegos Panamericanos (1971).

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Cine contra la pornomiseria

Esta posición publicitaria de la ciudad a partir de la institucionalidad de la época, inspiraría ocho años después y tan solo algunos meses luego de la muerte de Andrés Caicedo, un cortometraje con fines críticos, el cual se enmarcaría bajo el concepto de "cine contra la pornomiseria o contra los vampiros de la miseria" titulado Agarrando pueblo (1977).

Esta pieza argumental, bajo un guion de falso documental o mockumentary (el primero hecho en América Latina), criticaría fuertemente el oportunismo documental de cineastas extranjeros, los cuales bajo artificios visuales y narrativos, exageraban y explotaban la pobreza de países tercer mundistas, con el objetivo de vender estos experimentos audiovisuales en los grandes festivales europeos, y de este modo, llenarse de premios.

"¡Ajá, con que agarrando pueblo no! ¡Solo vienen a filmar aquí para hacer reír a los demás por allá lejos!", frase del célebre documental. "Agarrando pueblo la hicimos para abrirle los ojos a la gente sobre la explotación que hay detrás del cine miserabilista que convierte al ser humano en objeto, en instrumento de un discurso ajeno a su propia condición", expresaron en su momento Carlos Mayolo y Luis Ospina.

El gótico tropical de tierra caliente

El vampirismo, junto con otros temas de ultratumba recorrerían profundamente la obra fílmica de Luis Ospina y Carlos Mayolo. En Carne de tu carne (1983) el primer largometraje de Carlos Mayolo, vemos uno de los topicos de obsesión como director, esto es, abordar temas tabú como el incesto.

En la película, esto tiene lugar a través de la incestuosa relación de dos medios hermanos, la cual se desarrolla en medio un escenario siniestro en donde la realidad se confunde con lo fantástico, a través de mitos y leyendas populares como la madre monte.

Dato curioso: este tiene que ver con una proyección nocturna que se realizó de Carne de tu carne en el mismísimo interior del Cementerio Central de Bogotá.

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El tema del incesto, y de la transgresión, volvería a aparecer en La mansión de Araucaíma, cuya ambientación escabrosa y sobrenatural se complementarían con la oscuridad de los personajes. Es esta atmosfera infestada del horror y lo sobrenatural, lo que llevaría a enmarcar el cine de Carlos Mayolo bajo el concepto de "cine gótico tropical", un cine que recorre la orgía, la descomposición de las relaciones humanas, los sueños y el delirio desde escenarios espectrales.

Esta perspectiva gótica y de ultratumba también obsesionó y se vio expuesta en la filmografía de Luis Ospina en Pura sangre (1982). El cineasta caleño centraría su guion en la figura de unos vampiros urbanos que encarnarían la violencia y la insaciabilidad.

El género del horror será expuesto a partir de la reconstrucción de un sádico psicopata de Cali, reconocido como el monstruo de los Mangones quien en la década de los 60 y 70s asesinó a más de 30 niños habitantes de calle, con edades que oscilaban entre los 8 y los 13 años.

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Luis Ospina y Carlos Mayolo

El trabajo filmográfico de Luis Ospina y Carlos Mayolo haciendo parte del Grupo de Cali o sin estar del todo en él, siempre estuvo cubierto por una profunda hermandad. No es extraño, por tanto, encontrarlos a ambos filmando obras juntos, o siendo partícipes de las obras solitarias de cada uno, tal es el caso de Mayolo en Pura Sangre, en donde figura como personaje protagónico. O de encontrar a Luis Ospina en fotografías o videos en la casa de Carlos Mayolo compartiendo un café o una fiesta espontánea con salsa de Hector Lavoe o Larry Harlow.

Hay algo que la fuerza de la vida en Cali ha producido en ambos, pero sobre todo en sus proyectos fílmicos. Esto es "la revelación contra el poder y su vampirismo. En una entrevista hecha por la Revista Dinners, Ospina declaraba: "las películas de Mayolo y las mías tienen que ver con el vampirismo como una forma de revelación del poder. Nosotros vemos a Cali más bien como un lugar que inspira horror. Claro, vemos fundamentalmente a la ciudad con mucho amor, pero detrás de esta sensación trivial, cotidiana, se descubren elementos que generan el horror".

Fue extensa y significativa la trayectoria de Luis Ospina, fallecido el 27 de septiembre de 2019, o de Carlos Mayolo, quien nos dejó el 3 de febrero de 2007 huerfanos en parte de la magia de su cine, aún persiste entre el imaginario colombiano su largometraje La mansión de Araucaíma (1986) basada en el libro homónimo de Álvaro Mutis, con un reparto encabezado por Vicky Hernández. Sigue reconociéndose como una obra de arte en donde logra camuflarse con bastante refinamiento la ficción con la realidad.

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Poco antes de su fallecimiento, Carlos Mayolo recibió un sinnúmero de homenajes a lo largo y ancho del país, entre los premios destacados se encuentra el Premio Nacional toda una vida dedicada al cine, otorgado en el año 2006 por el Ministerio de Cultura. Cuatro años más tarde, este mismo premio se le otorgaría a Luis Ospina.

Todas estas producciones de Luis Ospina y Carlos Mayolo puedes verlas y recordarlas en RTVCPlay.