Hábitos de consumo que fomentan la explotación animal


David Jáuregui Sarmiento
15 / 10 / 2020
Imagen del documental "Empatía"
Grupo de vacas de matadero alimentándose
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¿Alguna vez te has preguntado cómo tus hábitos de consumo fomentan la explotación animal?

Nuestro día a día está mediado por el consumo de productos y bienes de mercado, muchos de los cuales son necesarios para vivir.

Pero también es cierto que la demanda del algunos productos que son más lujos que necesidad tienen un enorme impacto en los animales.

El documental Empatía, dirigido por el español Ed Antoja, trata esta temática con el fin de hacer conciencia sobre la realidad de los animales y los hábitos de consumo que los afectan en formas inimaginables y se traducen en maltrato.

A continuación, hacemos un repaso de cinco hábitos que fomentan directamente la explotación animal y, por extensión, su sufrimiento, aún sin que muchos lo sepan.

El objetivo de este artículo es informarnos para reflexionar qué cambios podemos hacer a nuestro estilo de vida para contrarrestar esa explotación.

Moda a toda costa

La industria de la moda es fascinante. Las tendencias, los nuevos estilos e incluso la forma en la que va variando con el tiempo habla mucho de la sociedad y sus transformaciones.

Sin embargo, la moda puede ponerse un poco sórdida cuando sacrifica animales -algunos en peligro de extinción- para lograr sus objetivos.

Colombia, por ejemplo, es uno de los mayores exportadores de cuero de América Latina, y las ventas de exportación (sin contar el mercado interno) superaron en 2019 los $16 millones de dólares.

Las buenas cifras económicas nos gustan a todos pero ¿te imaginas cuántos animales fueron sacrificados para generar tanto cuero?

Ahora, imagina las exoticidades como los artículos de lujo que utilizan pieles de anfibios o de animales silvestres.

De acuerdo con la organización Animal Ethics, esta industria ha llevado a la creación de granjas de pieles en las que crían en condiciones poco favorables a miles de animales sólo para sacrificarlos por su piel.

Lo mismo sucede con objetos de la moda que utilizan plumas y otros materiales que vienen de la captura de animales para convertirlos en prendas y objetos decorativos que no modifican el uso de la ropa: vestirse.

Espectáculos sí ¿pero así?

El entretenimiento con animales ha ido decayendo en Colombia y en el mundo. Sin embargo, algunas de estas prácticas perduran, incluso las que no están permitidas por ley.

De acuerdo con la publicación Pacifista, el Estatuto Nacional de Protección Animal (ley 84 de 1989) redujo en gran medida el uso de animales en espectáculos de entretenimiento, salvo por el rejoneo, coleo, las corridas de toros, las novilladas, corralejas, becerradas o las riñas de gallos que sí están permitidas por la ley.

Además, desde 2013 se firmó una ley que prohibió a los espectáculos circenses el uso de animales.

Sin embargo, todavía perduran las peleas de perros, las carreras de gatos, de cuyes, de burros y otras prácticas que socavan la dignidad animal y los someten a todo tipo de sufrimiento sólo por diversión.

Y, lo peor, muchas veces los dejan malheridos y en sufrimiento físico para dejarlos en abandono.

Comidas rápidas, arma de doble filo

En la actualidad las comidas rápidas son la familia real de las comidas favoritas de los colombianos y de gran parte de la población mundial.

De acuerdo con la revista económica Portafolio, en las aplicaciones más populares para ordenar domicilios, las hamburguesas son el producto predilecto de los compradores.

Esta predilección no solamente fomenta la crianza industrial -muchas veces bastante cruel- de los animales para obtener la proteína animal, sino también está destruyendo el medio ambiente a niveles acelerados.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el ganado es responsable de cerca de una quinta parte de las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, una cifra mayor a la que produce por ejemplo, el transporte impulsado por combustibles fósiles.

Eso quiere decir que comer hamburguesa y comidas rápidas como dieta principal no solamente fomenta la explotación y el maltrato animal, sino que también afecta nuestra propia supervivencia como especie.

De acuerdo a la misma organización, además, el sector pecuario es el principal motivo de deforestación y mal uso de la tierra.

"El pastoreo ocupa el 26% de la superficie terrestre y la producción de forrajes requiere cerca de una tercera parte del total de la superficie agrícola. La expansión de las tierras de pastoreo es un factor decisivo de la deforestación, sobre todo en América Latina: un 70% de los bosques amazónicos se usan como pastizales (...) Cerca del 70% de las tierras de pastoreo en las zonas áridas están degradadas, principalmente a causa del exceso de pastoreo, la compactación de la tierra y la erosión causadas por el ganado", explica la FAO.

Todo por la belleza y la salud

Según la organización Animal Ethics otra de las grandes industrias que promueven la explotación animal le corresponde al mercado de los cosméticos y, en general, del cuidado personal.

Maquillarse es una práctica extendida por el mundo, y ya no se limita a la población femenina.

Esta industria, sin embargo, se ha hecho famosa por utilizar animales para probar sus cosméticos en ellos, haciéndoles daño a toda costa con tal de desarrollar productos estéticos que no afecten a los seres humanos.

Lo mismo ocurre en la industria farmacéutica e incluso en las investigaciones en centros universitarios o en la enseñanza de ciencias en las escuelas básicas.

Afortunadamente, sabemos que ya no todas las compañías usan las mismas estrategias y organizaciones como Animal Ethics han recopilado marcas a lo largo del mundo que no utilizan animales para su desarrollo de productos y, si te preocupa la explotación animal, no está de más echarles un ojo.

No todos son amigos de la humanidad

A diferencia de los gatos o de los perros, la gran mayoría de especies animales prefieren no tener que vivir junto a una familia de seres humanos. Los animales adquiridos como compañía o adorno son otra forma de promover la explotación animal.

Desde 2017, sólo en el Centro de Fauna Silvestre de Bogotá se han atendido 6.700 animales que fueron raptados de su hábitat para ser vendidos en mercados ilegales, y muchos de los que no son identificados mueren amarrados en maletas ilegales que vuelan fuera del país.

Puede parecer inocente, pero tener animales silvestres no solo es ilegal sino cruel. De acuerdo con la publicación Semana, en Colombia los que más sufren ese destino son las tortugas, las iguanas, los pericos, los loros, cotorras, las ardillas, el mono tití gris, el mico maicero y las ranas venenosas.