Documentales para entender el conflicto colombiano


David Jáuregui Sarmiento
08 / 08 / 2019
Documental
0

El género documental en Colombia ha sido utilizado para intentar retratar y también para interpretar algunos de los momentos más álgidos de la larga y trágica historia de la violencia en Colombia. Por eso, tenemos cuatro películas que en conjunto pueden servir para entender el conflicto colombiano.

Con la ayuda de un experto, analizamos cuatro producciones que, a través de las historias particulares de sus protagonistas, logran hacer una radiografía del conflicto colombiano en diferentes épocas.

Para Francisco Gutiérrez Sanín, antropólogo, matemático, maestro en problemas contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias políticas de la Universidad de Varsovia, estos documentales son muy importantes para comprender tanto momentos clave de la historia reciente colombiana -como la polarización bipartidista- hasta personajes protagonistas de los intentos de paz o de desafortunadas escaladas de violencia en el país.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, por ejemplo, que se retrata en el documental 'Cesó la horrible noche', llegó en un momento en el que los ánimos partidistas estaban muy caldeados, y ya el fenómeno de la violencia se había iniciado. “Pero cuando muere Gaitán un sector muy grande de la población que tenía sus esperanzas volcadas en el líder político vio truncadas sus ilusiones y no de cualquier manera: en esa época, aunque no se hacían encuestas y sondeos de opinión, es probable que Gaitán hubiera ganado la presidencia de 1950, y eso fue un detonante de mucha discordia y polarización entre los colombianos”, explicó el académico.

'El rastro de Camilo' y 'Pizarro' también retratan dos personajes protagónicos en el conflicto colombiano: por un lado, otro candidato presidencial asesinado, guerrillero desmovilizado de la guerrilla urbana M-19, y otro, un académico, sacerdote católico, que también hizo parte de uno de los grupos armados insurgentes más radicales, el ELN.

“'Pizarro' es una muestra de que incluso ante un hecho tan oscuro como el asesinato de un líder político como Pizarro, en elecciones en las que más de un candidato presidencial fue asesinado, puede convertirse en hechos de paz: el M-19, si bien no era tan hábil militarmente, sí era muy avezado en lo político, y el movimiento convirtió a Pizarro en un ícono que fue utilizado no para más violencia, sino para buscar cambios políticos”, afirmó Gutiérrez.

Para el académico, quien también se desempeña como docente de varias universidades colombianas y como columnista del diario El Espectador, otro personaje que despierta mucho interés por sus características: “se trataba de un sacerdote católico, algo que tiene mucho peso en Colombia, era muy carismático, académico (fundó la facultad de sociología de la Universidad Nacional), y que pasó muy fugazmente en la historia del país por su muerte, pero también por hacer parte del ELN, grupo armado marxista, algo que parecía incongruente con un personaje con las características de Torres”, concluyó el académico.

Gutiérrez agregó: "Algo que también se revela en el estudio de estos temas es que enunciar  verdades al Estado  ha resultado siempre en la muerte de quienes se atreven a decirla".

Pero todo esto hace parte de todo un fenómeno que ha caracterizado al país: la presencia de grupos armados ilegales de diferentes cortes (partidistas, nacionalistas democráticos, marxistas, socialistas, oficialistas, narcotraficantes). Sin embargo, la firma de un tratado de paz entre la extinta guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) dio la esperanza de que en algún momento este problema se logre solucionar, pues de todos los armados esta guerrilla era la más numerosa y una de las mayores productoras de cocaína en el país.

Es por eso que 'La mujer de los siete nombres' es importante para entender el conflicto armado colombiano y la violencia retrata parte de ese esperado momento, pero desde el punto de vista de una mujer desmovilizada, quien tiene que cargar con la sanción social de haber hecho parte de un grupo insurgente y, a la vez, asumir el reto incorporarse a la vida civil, vida a la que la misma sociedad colombiana le pone trabas para entrar.