¿Qué tan cerca estamos de la esclavitud infantil en Colombia?


David Jáuregui Sarmiento
30 / 11 / 2018
Fotograma del documental "Vendiendo niños".
Fotograma del documental "Vendiendo niños".
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Aunque estamos convencidos que la esclavitud es un tema del pasado, la serie documental ¿Por qué la esclavitud? (Why Slavery?) nos ha demostrado que nunca desapareció de las sociedades y, peor aún, hoy en día existe bajo el nombre de esclavitud moderna.

El capítulo Vendiendo niños es un terrible recuento del cineasta Panjak Rajinder Johar quien muestra cómo, a pesar de que la India es hoy en día considerada una potencia mundial y económica, en su país cientos de miles de niños hacen parte de una problemática que todos los países quieren esconder: la esclavitud de los más pequeños, bien sea por trabajos forzados o mal remunerados hasta su venta como novios o novias.

 

Sin embargo, sería irresponsable afirmar que en pleno siglo XXI todavía existe la esclavitud, y más aún si está relacionado con seres humanos en sus primeros años de vida; pero si comparamos, por ejemplo, lo que narra Rajinder en este capítulo de ¿Por qué la esclavitud? con narraciones de cómo vivía un niño esclavo a mediados del siglo XIX, tal vez encontramos similitudes aterradoras.

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La investigadora del diario estadounidense Washington Post, Carolyn Reeder, escribió en su artículo La vida de los niños esclavos en 1861 cómo la vida de un niño en esclavitud podía mejorar o empeorar de acuerdo a sus dueños y si, por ejemplo, separaban a la familia para vender algún miembro del núcleo para conseguir dinero. También, relata la periodista, cómo sin importar la situación, en libertad o como propiedad de alguien, los esclavos eran considerados no niños y más bien herramientas de trabajo.

 

Estos relatos, por duros y distantes que parezcan, son precisamente el tipo de experiencias que relata esta entrega de ¿Por qué la esclavitud?, y en ella se ve cómo el menor problema de los niños es cuando se les obliga a trabajar, sino cuando también son víctimas de trata de personas para trabajos forzados, sobrevivir a abusos y torturas como si se tratara de un animal de carga maltratado y más nada, abusos sexuales, sobreexplotación y en casos de las niñas, son vendidas para consumar matrimonios.

Trabajábamos desde la 1:00 p. m. hasta las 5 a. m., dormíamos hasta la 1 y luego seguíamos trabajando. Nos golpeaban mucho. Si nos quedábamos dormidos iban a cortarnos los párpados.

Imtiaz, sobreviviente de una banda de traficantes de personas en India.

Para el realizador del documental, una de las principales razones por las que en la actualidad los niños son víctimas de este tipo de situaciones va más allá de que haya individuos capaces de traficar o explotar niños, sino más bien que el sistema se ha vuelto cada vez más despiadado y la búsqueda de la gente por mano de obra barata o incluso de cualquier forma de acceder al capital da como resultado problemas como la esclavitud infantil.

“Niñas menores trabajan en cientos de casas en las grandes ciudades de la India. Mucha gente de clase media no lo piensa dos veces antes de contratarlos para cuidar de su hogar y sus hijos. La gran demanda por mano de obra barata impulsa la esclavitud infantil y las tragedias familiares”, afirma Rajinder en el documental.

 

Esto, sin embargo, como se trata de una situación en la que muchos niños se ven envueltos por necesidad, en la actualidad se han conformado asociaciones de trabajadores infantiles que abogan por sus derechos independientemente de sus actividades laborales.

La misma Organización Internacional del Trabajo ha declarado que son más de 24 millones los niños y los adolescentes que trabajan en Suramérica, a pesar de que las normas nacionales que establecen los 14 años, con la rara excepción de los 12 años como edad mínima para empezar a trabajar en los países de la región. De la misma forma, las organizaciones de los NATs (Niños, niñas y adolescentes trabajadores, Working Children) han declarado que sus labores casi siempre se dirigen hacia la mera sobrevivencia, con la finalidad principal de contribuir a la economía del núcleo familiar.

Para ellos es tan preocupante que los niños trabajen por necesidad como que los NATs están expuestos a condiciones de trabajo muy malas, con enormes riesgos de salud y en la mayoría de los casos ven perjudicada la posibilidad de acceder a canales normales de educación.

 

En Colombia, por ejemplo, podemos encontrar el ejemplo de la organización Pequeño trabajador, que actúa en el sector de Patio Bonito en Bogotá y que ofrece desde becas para que los niños completen sus estudios superiores hasta laboratorios artesanales de serigrafía, reciclaje, entre otras actividades cuyo objetivo es la dignificación del trabajo en favor de niños y adolescentes antes explotados en el trabajo.

También se pueden encontrar las asociaciones Creciendo Unidos, Casa Italia y Escuela Viajera.

 

¿Cuál es el panorama en Colombia?

Colombia no es una nación ajena a esta problemática y de acuerdo con las cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en Colombia hay casi un millón de menores que en cambio de asistir al colegio y a las universidades, hacen parte de los trabajadores de este país, a pesar de que la ley exige lo contrario.

“En Colombia hay 869.000 niños y adolescentes entre los 5 y 17 años trabajando. Sin embargo, una adolescente entre los 15 y 17 años puede hacerlo siempre y cuando tenga permiso. Por eso en el ICBF nos concentraremos en los 357.000 niños que no pueden trabajar. Esta es la decisión más contundente para frenar esta práctica que los mantiene alejados del estudio, el juego y los pone en riesgo”, dijo a principios de 2018 al diario El Tiempo la entonces directora del Instituto del Bienestar Familiar, Karen Abudinen, quien ahora de desempeña como Alta consejera para las regiones.

 

No obstante, gracias a las sanciones para los padres de los niños que se encuentran en trabajo infantil, desde 2014 la institución de cuidado infantil del Gobierno Nacional afirma que en estos años se han restablecido los derechos de 5.000 niños y niñas colombianos.

Esta situación es delicada para quienes traen seres humanos al mundo, pues si no se hacen padres responsables por su cuidado y los dejan a la deriva en su calidad de niños la multas que impone la autoridad administrativa, aún por simple negligencia, puede obligar a los padres a asistir a un curso pedagógico sobre los derechos de la niñez, a cargo de la Defensoría del Pueblo.

En caso de incumplimiento se puede imponer una amonestación, explicó Abudinen a El Tiempo, equivalente al valor de uno a cien salarios mínimos diarios legales vigentes (cerca de 78 millones de pesos), convertibles en arresto a razón de un día por cada salario diario mínimo legal vigente de multa.