¿Sabes qué químicos aprobados en Colombia pueden hacerle daño a tu salud?


David Jáuregui Sarmiento
26 / 09 / 2018
Joven comiendo pizza en la cinta "Global Junk Food"
Joven comiendo pizza.

Mientras en Europa los fabricantes de alimentos evitan químicos posiblemente peligrosos en las comidas, en los países en vía de desarrollo sí son usados sin importar la salud pública. ¿Qué tal está Colombia en esta materia?

Algunos componentes que comemos a diario en nuestras comidas son ingredientes que hoy en día están prohibidos en Europa, Japón, Australia, Canadá y otros países pero que en el nuestro hacen parte de nuestra dieta diaria, así como en los demás de Latinoamérica e incluso en Estados Unidos.

Sin embargo, para entender el fenómeno, primero podríamos preguntarnos a qué se debe que los gobiernos de los países de nuestra región no toman las mismas medidas que los europeos o los japoneses.

Lo primero que debemos entender es que algunos componentes utilizados para preparar las papas chips, las gaseosas, o que incluso vienen en el arroz, no necesariamente están fuera de la regulación de las naciones latinoamericanas, sino que muchas veces se aceptan estándares internacionales avalados por los Estados Unidos, un país mucho más tolerante al uso de ciertos agentes químicos y que regulan no tanto su uso como sí el máximo por comida.

De acuerdo con la agencia News Food Latam, quien discutió ese tema con Elizabeth Grossman de IFLscience, una organización de contenidos científicos, mientras países como Estados Unidos tienen una visión sobre cómo determinar la toxicología de algunos agentes químicos utilizados para la producción de alimentos, la Unión Europea es mucho más estricta y no se permite el uso de químicos cuyo bienestar para los humanos presente dudas, aún si no ha sido totalmente demostrado el daño.

El enfoque de los Estados Unidos que gestiona los productos químicos considera que el daño debe demostrarse antes de que se tomen medidas reglamentarias (…) así que no es que los europeos saben algo que nosotros no, en realidad es su política que prohíbe los productos químicos que podrían ser problemáticos.

News Food Latam

 

En Colombia, como podríamos sospechar, el Invima (el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) ha optado por seguir los lineamientos de la Food & Drug Administration de los Estados Unidos de Norte América (FDA, por sus siglas en inglés, en español Administración de comidas y drogas de los Estados Unidos de América), motivo por el que la regulación si bien no es inexistente es mucho más laxa respecto a las restricciones.

No obstante, teniendo en cuenta que en materia de salud y alimentación no hay esfuerzos por escatimar, tenemos para ti 5 ejemplos de componentes con los que debemos prestar atención en los alimentos que consumimos y que, por norma, deben estar referenciados en las etiquetas de los productos para que los consumidores puedan decidir a libertad si quieren o no comprar determinado producto.

 

Componentes con los que debemos tener cuidado

Tartrazina

La tartrazina es un colorante que, según diversas publicaciones científicas, ha sido relacionada con efectos adversos a su consumo, como por ejemplo la hiperactividad en niños, alteraciones en la capacidad de concentración, toxicidad reproductiva y desarrollo, entre otros efectos colaterales.

De acuerdo con la Epic Science Society, basada en varios estudios de diversas universidades, dicho componente junto con otros colorantes químicos, como el Rojo #40, Amarillo #4 y #6, Azul #1 y #2, que se encuentran en productos como helados y chicles, ha sido prohibido en la unión europea precisamente por las sospechas alrededor de estos compuestos.

 

Carragenina

Efectivamente, según reportó News Food Latam, la carragenina está relacionada a daños al sistema digestivo de quienes la ingieren.

El agente químico, utilizado como aditivo espesante y para mejorar la textura de los alimentos, entre ellos los lácteos, salsas, helados, yogures, entre otros, también se encuentra en productos no comestibles como champú o crema para calzado, motivo por el que también ha sido criticado el compuesto.

Sin embargo, como ya dijimos, una cosa piensan los europeos y otra cosa piensa buena parte del continente americano. Al menos para la FDA, la Organización para la agricultura y la alimentación de las Naciones Unidas y la misma Organización Mundial de la Salud, no se han encontrado mayores motivos para preocuparnos por este componente y ni siquiera vale la pena el esfuerzo de cambiarlo por otro similar, algo que claramente sí pensaron en Europa.

 

Arsénico

Comúnmente cuando suena la palabra arsénico no lo relacionamos con algo positivo, mucho menos si vamos a ingerirlo.

Este elemento se asocia con problemas gastrointestinales y se considera como una causa conocida de cáncer, por lo que la Unión Europea le considera cancerígeno categoría 1. Aún así, alimentos de consumo diario como el arroz y las algas comestibles presentan altos índices de este componente, un hecho que ya ha generado preocupación en el pasado.

Según reportó la BBC, cadena de agencias inglesa, junto con la W Radio de Colombia, el experto en arsénico por varios años de estudio, Andy Meharg, de la Queen's University en Belfast, Irlanda del Norte, ha señalado que su consumo en bajas cantidades si bien no es beneficioso no es tan peligroso como consumirlo por montones.

 

Con lo único que lo puedo comparar es con los cigarrillos, si te fumas uno o dos al día, tu riesgo es más bajo que si fumas 30 o 40. Depende de la dosis: cuando más arroz comes, más alto es el riesgo.

Andy Meharg

Para reducir el riesgo en productos de alto consumo como el arroz, el experto señaló que una forma de reducir el arsénico con el que viene este y otros cereales, lo mejor es variar la cantidad de agua en la que se remoja y cocina el arroz, cambiando la proporción de dos tazas de agua por una taza de arroz a cinco por una, práctica que ha demostrado eliminar cerca del 80% de este componente en el alimento.

 

Olestra

En 1996, tras 20 años de polémica, la olestra fue legalizada en Estados Unidos y con ellos, una buena parte de América la adoptó como la grasa sin grasa, un producto con cero calorías y cero colesterol. En Europa este componente se ha descartado por su relación con efectos secundarios como cólicos abdominales y fugas anales, así como la inhibición -por su consumo- de la absorción de algunas vitaminas y otros nutrientes.

En 2003 esta sustancia, por orden de la FDA, tenía que ser anunciada por los productores de los alimentos en las etiquetas, pero la medida no duró mucho y a pesar de las críticas la FDA retiró la orden de advertencia.

En Colombia, de acuerdo con el acta 05/09 del Ministerio de Protección Social y el Invima, “la FDA en CFR title 21 part 172.867 aprueba Olestra (octa, hepta, hexa ésteres de ácidos grasos de cadena larga con sacarosa) en snacks saborizados preempacados listos para consumir (salados o picantes no dulces) y crispetas para microondas; con funciones: reemplazo de grasas y aceites para freír u hornear, acondicionador de masa, sprays, ingrediente de rellenos o en aromatizantes/saborizantes”, motivo por el que ante la petición de un empresario colombiano para hacer uso de este componente químico para sus productos, cedió en su uso pero a su vez restringiéndolo a dichos productos. Además, agregó que la etiqueta del producto debía advertir que para su fabricación se había utilizado o contenía olestra.

 

Ractopamina

Si bien este componente no se usa en alimentos humanos, sí se usa en bovinos y porcinos, con el fin de aumentar su masa y, por extensión, estén más gorditos al momento de volverlos alimento.

De acuerdo con el reconocido Doctor Joseph Mercola, académico de la Universidad de Illinois, Chicago College of Osteopathic Medicine, entre otras instituciones universitarias, la investigación en animales ha vinculado a la ractopamina con una menor función reproductiva; defectos de nacimiento, aumento de la mastitis en vacas lecheras y aumento de la discapacidad y muerte.

De la misma forma, los registros de la FDA muestran que la muerte es el efecto secundario más frecuentemente reportado y que al menos 20% de este compuesto permanece en la carne del animal en el que se utilizó. 

 

“Esto es desconcertante cuando considera que la etiqueta del medicamento advierte: "No se administre en los humanos" y "las personas con enfermedades cardiovasculares deben tener cuidado especial de evitar la exposición.", argumenta el especialista.

En nuestro país, este y muchos otros componentes están regulados pero únicamente sobre las cantidades máximas que deben utilizarse. Para más información puedes ver el decreto que lo regula aquí.