La independencia de Brasil es el escenario de "La dama de la libertad"


David Jáuregui Sarmiento
19 / 08 / 2021
Serie

La dama de la libertad

Rio de Janeiro
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Brasil, el gigante suramericano, el país más grande e imponente del hemisferio sur y el quinto más grande del mundo no solo es diferente por su extensión territorial, sino también por la manera en la que se desarrolló su independencia de la corona portuguesa.

La serie La dama de la libertad está ambientada en pleno siglo XIX, protagonizada por Joaquina, hija del héroe Tiradentes, un rebelde que operó durante el siglo XVIII. Fue a comienzos del siglo XIX que se desarrollaron importantes acontecimientos que determinaron el tamaño de ese país, una parte de su pensamiento nacional y cultural, y una independencia con mucha menos sangre que el resto de los países de Sudamérica.

Todo ese proceso, sin embargo, no hubiera sido posible sin la invasión de la Península Ibérica por parte de las tropas de Napoleón Bonaparte. Los franceses, capitaneados por Jean Andoche Junot, entraron en territorio portugués en octubre de 1807, con el objetivo de aislar por mar a Inglaterra. Las consecuencias geopolíticas de aquella invasión marcaron el destino de la Sudamérica colonial.

A diferencia del resto de procesos independentistas hispanoamericanos, el de Brasil fue en su mayoría pacífico, y además fue dirigido por un miembro de la familia real portuguesa, el príncipe heredero Pedro I, quien se convertiría en emperador de Brasil.

La independencia de Brasil se desarrolló principalmente entre 1821 y 1824, dando así paso a la proclamación de independencia presentada por el Imperio de Brasil el 7 de septiembre de 1822. Este proceso duraría hasta 1825 cuando el Rey Juan VI reconoció a Brasil como un reinado independiente y además recibieron el reconocimiento de Gran Bretaña.

Fue un período importante, de más casi un siglo, en el que Brasil fue un imperio constitucionalista antes de convertirse en República. El Imperio de Brasil, que se constituyó como una monarquía constitucional, perduró hasta 1889 cuando fue tomado por las dictaduras militares y convertido en un país republicano.

Representación pictórica del grito de Ipiranga, como se conoció al llamado de independencia de BrasilGrito de Ipiranga, de Pedro Américo.

¿Por qué Brasil se convirtió en Imperio?

Esto ocurrió porque la invasión del ejército del emperador francés Napoleón Bonaparte a Portugal forzó a la familia real portuguesa a exiliarse en el territorio de su colonia suramericana. Pronto, la corte portuguesa fue establecida en la ciudad de Río de Janeiro, que se convirtió en la sede no oficial del Imperio Portugués.

Esta situación desencadenó serios problemas para la corona portuguesa en Europa, y en 1820 se gestó la revolución liberal de Oporto. Dicho movimiento fue iniciado por constitucionalistas liberales, quienes crearían la primera constitución del reino.

Por esta situación, las cortes reales exigieron el retorno del rey Juan VI a Europa, quien parecía estar cómodo en su residencia en Brasil. Para mantenerse allí, Juan VI había elevado a Brasil como reino parte del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve en 1815, y había nominado a su hijo y príncipe heredero Pedro como regente para gobernar el Reino de Brasil en su lugar.

Tras su regreso a Portugal, la disputa entre quienes querían mantener el estatus colonial y quienes se adherían a la idea de Brasil como un imperio no se hizo esperar, y en el continente americano se desató una suerte de guerra por la independencia, pero que en comparación con los demás conflictos bélicos por la emancipación en el continente fue prácticamente un conflicto pacífico en el que el derramamiento de sangre fue hábilmente evitado por Pedro I.

Representación pictórica de la coronación de Pedro I como emperador de BrasilCoronación imperial de Pedro I, de Jean Baptiste Debret.

El príncipe, además, había permanecido en Brasil alentado por la misma causa emancipadora que quería mantener su estatus de Reino, y no de colonia como había ocurrido por tres siglos, por lo que si la corona de Portugal quería recuperar Brasil como colonia tendría que haberse enfrentado a muerte entre sus propios miembros.

Desde luego, no fue un proceso sencillo. Tan sólo hasta que concluyó la guerra de independencia de Brasil, el 29 de agosto de 1825, Portugal y Brasil establecieron el Tratado de Río de Janeiro, según el cual la Corona Portuguesa reconocía la independencia del reino de Brasil, pero supuestamente reservaba a Juan VI, el padre de Pedro I, el título de emperador de Brasil.

No obstante, Juan VI no hizo ningún acto oficial coronándose emperador de Brasil, ni Pedro hizo algo para dar a entender que ya no estaría al frente del Imperio de Brasil. Esta situación, en la que prácticamente Brasil tenía dos emperadores terminó siete meses después, cuando Juan VI falleció.

Las ventajas de haber sido imperio

Para los expertos, el Imperio de Brasil posibilitó varias ventajas para formar el gran país que hoy conocemos como Brasil. El pensamiento imperialista, dejó, por ejemplo, que tras la independencia no se fragmentara el territorio, como en cambio sí ocurrió con las demás excolonias españolas.

"Mientras las demás colonias luchaban contra el dominador y se separaban, aquí ganamos autonomía elevándonos a categoría de reino junto al dominador", explicó a la BBC la historiadora María de Lourdes Lyra.

Mário Maestri, un historiador y profesor de la universidad de Passo Fundo, explicó al mismo medio británico que las relaciones de contienda que tuvo el viejo Brasil imperial con sus vecinos fueron un factor determinante en la formación de Sudamérica tal como se la conoce hoy.

De acuerdo con Maestri, el Imperio fue claramente intervencionista en la región, influyendo incluso en la geopolítica local, pues siempre se movilizó para impedir la unión de las ex provincias del virreinato del Río de la Plata en torno a Buenos Aires. También habría destruido el Paraguay independiente y lo mantuvo sometido para mantener su estatus imperialista.