Cuando Hitler fue anfitrión de los Juegos Olímpicos


Paola Arcila Perdomo
31 / 05 / 2018
El atleta coreano Sohn Kee-chung
Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín, 1936.

La pantalla de Señal Colombia presenta The Run, un documental que cuenta la historia de un coreano que ganó medalla de oro por Japón, país que había ocupado su territorio. Pero esta no fue la única triste historia que se desprendió de los Juegos Olímpicos en los que Hitler y su Alemania nazi fueron anfitriones. 

Agosto 1936, Juegos Olímpicos de Berlín. El régimen de Hitler se convierte en anfitrión de los Olímpicos con el ánimo de camuflar sus planes de expansión, sus políticas racistas y total antisemitismo detrás de una máscara de Gobierno pacífico, sin dejar de lado la estrategia de mostrar a Alemania una potencia económica y con todas las ganas de demostrar la supremacía de la raza aria.

Con ese mismo impulso se estructuró un cubrimiento sin precedentes, liderado la directora Leni Riefenstahl -famosa por sus cintas de propaganda nazi- quien fue la encargada de registrar las imágenes de Olympia, película que recuenta estos juegos comandados por Hitler. 

Estos son solo dos aspectos de unos Juegos Olímpicos que comenzaban a delinear tragedias venideras que no eran, ni de de cerca, previstas por los participantes y las multitudes que celebraban en aquel entonces con el saludo nazi. Unas olimpiadas que dejaron cicatrices profundas que llegan hasta el día de hoy.

Aquí, algunas de esas historias. 

 

The run
Lunes 11 de junio, 2:00 p m.
Sábado 30 de junio, 9:00 p. m.

 

 

Nunca más volveré a correr bajo la bandera japonesa

Sohn Kee-chung

 

Una de las historias más interesantes que se desprende de esta edición es la de Sohn Kee-chung, un atleta de Corea que tuvo que participar a nombre Japón, el país que ocupó el suyo, cuya historia podrás conocer en Señal Colombia con The Run, un documental sobre el héroe coreano de estas olimpiadas. Como esa historia hay muchas otras de varios atletas que triunfaron a pesar de no ser arios y la de otros, que tras participar tuvieron un destino terrible forjado por el nazismo.

Sohn Kee-chung fue llamado Son Kitei durante los juegos de Berlín, la forma en japonés de su nombre coreano. Un hombre que a los 24 años logró su objetivo como atleta: ganar una medalla de oro en los Olímpicos. Sin embargo, la presea fue recibida con tristeza por el deportista; él había corrido bajo un nombre falso y bajo el título de una bandera extranjera. 

Sonh Kee-Chung, medallista coreano en los Olímpicos de 1936

Las tropas japonesas habían ocupado Corea a comienzos del siglo XX, es por este motivo que el atleta Kee-chung corrió en nombre de un país que no era el suyo. Para 1936, Japón viajó con una delegación olímpica que contaba con 150 deportistas, algunos de ellos eran coreanos pero eso no se sabía. 

Hitler presentó las olimpiadas y de paso a un imperio supuestamente amistoso pero profundamente poderoso. Evento en el que los judíos eran escondidos y el poder de Hitler venía con pasos de gigante, hasta el saludo olímpico fue confundido y mezclado, por su extremo parecido, con el gesto nazi. Así comenzó una de las olimpiadas más polémicas del planeta. 

En este video, extracto de la cinta realizada por Leni Riefesntahl, se puede apreciar los saludos a Hitler durante la ceremonia de inauguración. 

 

En el evento que congregó más de 2000 atletas de todo el mundo -y en donde Corea prácticamente no existía- corrió Kee-chung, un hombre que no se doblegaba y que con una rebeldía oculta, evitaba hasta ponerse la camiseta de Japón, país que posteriormente sería el principal aliado de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

El 9 de agosto de 1936, Kee-chung corrió una maratón que constaba de 42 kilómetros, en donde competían 56 corredores, que tenía 120.000 espectadores y en la cual se haría, por primera vez, una transmisión en directo

Aunque su gran hazaña llevó diversas desdichas a su país y a su vida personal, también logró convertirlo en un héroe nacional.

Documental: "The run"

 

En estos juegos en los que el contexto político y social de la época eran determinantes hubo una serie de detalles que marcaron la diferencia y que quedaron en la memoria de muchos. 

Se decía que Hitler había insistido tanto para que las Olimpiadas se realizaran en Alemania por motivos estrictamente racistas, quería demostrar la superioridad aria al planeta. Sin embargo, estas marcas raciales fueron doblegadas por las victorias de un deportista llamado Jesse Owens, un afroamericano que logró obtener 4 medallas doradas, una marca que pasó a la historia. 

 

 

Pero Owens no fue el único. Si bien el racismo era notorio, por lo que varios deportistas judíos fueron sistemáticamente excluidos, como el boxeador Erich Seelig, el tenista alemán Daniel Prenn o Gretel Bergmannm, atleta de salto alto de primer nivel, hubo muchos otros que se destacaron, como la del campeón nacional polaco de natación en 200 metros libres, Ilja Szrajbman, quien fue confinado en un gueto de Varsovia y murió siendo víctima del hambre y las enfermedades.

Un destino parecido fue compartido por el esgrimista húngaro Endre Kabos, quien obtuvo dos preseas doradas en Berlín, deportista que finalizó sus días en los campos de concentración

Jósef Noji es otra historia a resaltar. Él era uno de los mejores atletas de 5.000 y 10.000 metros. Noji fue parte de la resistencia polaca a la invasión nazi, por este motivo fue arrestado y llevado a una prisión de Varsovia y posteriormente al campo de concentración de Auschwitz. Decidió no terminar su lucha así estuviera encerrado, por lo que siguió con su empeño en favor de la resistencia, sin embargo, el descubrimiento de una carta que envió al exterior fue el motivo de su muerte. 

Podemos recordar también al compañero estadounidense de Owens, Foy Drapper, quien logró batir el récord mundial en los 4x100 metros en Berlín. Sin embargo, Drapper se convirtió en piloto de combate de la Segunda Guerra Mundial y, dirigiendo un bombardeo en Túnez, falleció junto a sus compañeros.  

Decenas de historias de hombres y sucesos pueden remarcarse en la historia de estos juegos; por ejemplo, en 1936 fue la primera vez que se hizo una carrera de relevos para llevar el fuego olímpico al sitio de los juegos, idea proveniente de Carl Diem, jefe del comité organizador, quien pensaba que los griegos eran antecesores arios de la Alemania nazi.

 

Aunque en Alemania se intentó camuflar la política racista, quitando los signos antisemitas en las calles o cambiando su lenguaje en los diarios, la Alemania nazi era algo que pesaba en el ambiente. Surgieron diferentes intentos de boicot por parte de estadounidenses, franceses y británicos, incluyendo algunos deportistas y organizaciones judías como el Congreso Judío Estadounidense y el Comité Laboral Judío. 

Sin embargo, la Unión de Atletas Aficionados de los Estados Unidos votó por la participación en el evento, logrando una resolución para que dichos movimientos a favor de los bloqueos desistieran en sus intentos de bloqueo. 

España fue otro país que estuvo en desacuerdo con el nazismo, motivo por el cual intentaron realizar unos juegos paralelos, una contra Olimpíada, pero no pudieron llevar a cabo sus planes por el inicio de la Guerra Civil Española. 

A pesar de los deportistas destacados, de las voces en contra del racismo y de los intentos de boicot de diferentes países, los Juegos Olímpicos aceleraron las políticas expansionistas de la Alemania nazi, la "persecución de enemigos del estado" y asedio de los seres humanos como afrodescendientes y judíos.

En 1936 ya existían campos de concentración camuflados y los gitanos alemanes eran perseguidos. Aún así, fue hasta el momento de la invasión a Polonia, a tres años de los juegos, cuando la humanidad comenzó a ver sus efectos con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.