Si la comida rápida es dañina, ¿por qué la consumimos?


Sebastián Acosta Alzate
23 / 10 / 2018
Cesta de empanadas fritas
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Salimos a la calle y consultamos a expertos consumidores de empanada para saber por qué, a pesar de que sabemos que la comida rápida no es saludable, la consumimos igual.

Bocado tras bocado, la comida rápida tiene esa extraña facultad de conquistar con sus sabores, frituras y texturas, desde las empanadas, pasteles de yuca, palitos de queso hasta las hamburguesas, pizzas y perros que tienen su encanto pero, a pesar de que no son las opciones más nutritivas, las seguimos consumiendo con cierta frecuencia.

Así mismo, tenemos la noción de que este tipo de comidas pueden tener efectos negativos en la salud por sus ingredientes, por su preparación o sus acompañamientos; entonces, aún así, ¿por qué comemos comida chatarra?, ¿por qué sigue siendo una opción frecuente en nuestro menú?

Las  preguntas parecen fáciles de responder, por eso asumimos la tarea de salir a la calle y escuchar varias respuestas de gente que es fanática de –quizás– la comida rápida más popular de nuestro país: la empanada.

 

Aunque la razón principal es por el sabor, otros manifestaron que la agilidad y el tiempo son determinantes para salir rápido del hambre y entrar lo más pronto posible al salón de clases o al trabajo.

Ya sabiendo las razones según algunos ávidos consumidores de empanadas, consultamos nutricionistas expertos en el tema para que respondieran exactamente la misma pregunta: ¿por qué comemos comida rápida sabiendo que es dañina?

 

Según Ángela María Acosta, dietista máster en obesidad de la Universidad de Alcalá en España, sin la grasita no sería tan rica: “El aporte de la grasa a las comidas es crucial porque mejora el sabor y la textura del alimento, además que las grasas no están solas, generalmente se mezclan con quesos y salsas que además de mejorar el sabor incrementan las kilocalorías”.

La experta comenta que la comida rápida no puede verse como elementos aislados que son perjudiciales para el cuerpo; para ella, el principal daño de las comidas rápidas es el exceso de acompañamientos, pues generalmente todo se hace en combos: la hamburguesa con papas y gaseosa, adiciones de queso o tocino, el perro caliente con huevo de codorniz, además de la cantidad de salsas tentadoras que ofrecen los restaurantes y puestos ambulantes.

En medio de este contexto, una de las principales causas que encontramos para que todos comamos comida chatarra, es por la facilidad de sustituir un verdadero almuerzo con numerosos bocados de empanadas que en exceso fácilmente pueden reemplazar un almuerzo.

Según Ana Marcela Gómez Medina, nutricionista y dietista de la Universidad Nacional de Colombia, “un adulto promedio requiere consumir 2.300 calorías por día. Un almuerzo promedio aporta el 30 a 35% de las calorías diarias. Aproximadamente se necesitan de 3 a 4 empanadas para cubrir las calorías y solo 2 para cubrir la grasa que aporta un almuerzo. Sin embargo, las empanadas no cubren el aporte nutricional de un almuerzo completo compuesto de: sopa, bandeja con carne o pollo, verdura, arroz y plátano o papa, más un postre pequeño”.

En esta misma línea, Acosta manifestó que una hamburguesa puede tener entre 500 y 1.200 kilocalorías, “en caso de llegar a comerse dos, fácilmente pueden ser equivalentes a una bandeja paisa bien generosa y sustituirla”.

Como ves, por afán o glotonería es fácil sustituir el almuerzo con comida chatarra.

 

En datos nutricionales más concretos estudiados por Gómez para Señal Colombia: “1 empanada de carne con papa, aporta en promedio: 218 calorías, 15 gramos de grasa, 8 gramos de proteína y 20 gramos de carbohidratos. Generalmente es preparada con ingredientes naturales, libres de aditivos artificiales para su conservación o para dar sabor y color”.

Aun así, Gómez hizo hincapié en que no se debe estigmatizar la empanada y demás alimentos criollos (pasteles de yuca, carne, pollo y arepa de huevo) como chatarra, pues cada uno de estos productos gastronómicos están insertos en nuestras tradiciones culturales y no se deben condenar solo porque nos cuesta saber dónde está la delgada línea entre el exceso y el simple antojito.

Una empanada de carne con papa, aporta en promedio: 218 calorías, 15 gramos de grasa, 8 gramos de proteína y 20 gramos de carbohidratos.

Marcela Gómez Medina

En términos de salud, Acosta aseguró que en caso de no detectar esa línea, lo más posible es que todas las enfermedades se presenten en combo: “Se pueden generar muchas enfermedades crónicas, hipertensión, triglicéridos, colesterol, hígado graso y diabetes, lo peor es que todas se pueden presentar a la vez, diagnosticando así el síndrome metabólico, el cual se manifiesta en un solo momento y es común en pacientes con obesidad”.  

Ahora, para ampliar el sustento científico, hablamos con Luz Patricia Restrepo Sánchez, experta en química de alimentos de la Universidad Nacional, quien destacó un detalle importante sobre porqué comemos comida rápida:

“La costumbre y la sensación de comer todo revuelto, tanto el arroz el pollo el huevo y la carne juntos es un estimulante sensorial potente para el cuerpo, pues en un solo bocado hay una multiplicidad de sabores que al masticar siempre intentamos definir como sabroso”.

Contenido relacionado: Puedes conocer más sobre nuestra tradición empanadera en este capítulo de Los Puros Criollos.

Por otro lado, si deseas complementar el tema nutricional, puedes echarle un vistazo a este estudio de la Universidad Central de Venezuela que cuenta como una radiografía de la empanada en términos nutricionales.

Claro que, si realmente quieres ser minucioso con todo lo que comemos en nuestro país, lo mejor que puedes hacer es consultar la tabla de composición de alimentos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la cual fue elaborada por 14 universidades prestigiosas de la nación y otras organizaciones que gran abrieron la carta a nuestras delicias típicas que ahora están sistematizadas, incluyendo las comidas rápidas que dañan la figura.

Finalmente, con todo este universo de sabores con los que podemos provocarnos, en el consumo de comidas rápidas –tanto criollas como extranjeras– se puede vislumbrar una lucha constante por sustituir los alimentos, ganar tiempo y ahorrar dinero, entre otras variables como la oferta sin límites y la demanda ¡que tiene un hambre, que parecen dos!