Pobre frailejón, amenazado por la crisis climática


David Jáuregui Sarmiento
18 / 03 / 2022
Frailejón
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Aunque el personaje del momento es el Frailejón Ernesto Pérez y todos sus amigos frailejones del mundo, lo cierto es que su hábitat natural está constantemente amenazado por el cambio climático.

Este fenómeno se caracteriza por la alteración de las temperaturas y los patrones climáticos. El cambio climático altera el equilibrio natural y se ve reflejado en el aumento de la temperatura media del planeta, la modificación de los patrones de lluvia y nieve, el alza del nivel del mar, la reducción de la superficie cubierta por nieves y glaciares, y la aparición de tormentas o sequías.

La especie humana sabe que los frailejones, los páramos, los recursos hídricos y en general el cuidado del ambiente es fundamental para la supervivencia, y por eso existe el Día internacional del agua, celebrado cada 22 de marzo. Esta fecha nos recuerda la importancia del recurso hídrico, así como la delicadeza de los ecosistemas donde, por ejemplo, los frailejones son protagonistas en el almacenamiento y generación del agua.

Sin embargo, a pesar de las advertencias del mismísimo Frailejón Ernesto Pérez, las actividades humanas tienen a los páramos en serios aprietos y ninguna acción gubernamental colombiana o del mundo parece contener los peligros de este fenómeno para la fauna y la flora de los páramos y las fuentes hídricas.

Eso quiere decir que los recursos hídricos llevan curso hacia su desaparición por cuenta del cambio climático, a pesar de que casi todas las actividades sociales y económicas humanas dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce y de su calidad. Como si fuera poco, de acuerdo con la ONU, 2.200 millones de personas viven sin acceso a agua potable, y la cifra podría aumentar rápidamente.

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El cambio climático amenaza al Frailejón Ernesto Pérez

¿Qué está pasando con los páramos y el frailejón?

El país cuenta con seis nevados, 44 % de los páramos de Sudamérica, cinco vertientes hidrográficas, 30 grandes ríos, 1.277 lagunas y más de 1.000 ciénagas. Sin embargo, muchas veces no valoramos su importancia, y este problema está amenazando la provisión del agua potable incluso a las grandes capitales de Colombia.

Aunque el crecimiento de la economía, la producción de electricidad y la vida misma son posibles gracias al agua provista por los páramos en Colombia, tan sólo en Bogotá, la capital, cuya agua proviene de los páramos de Sumapaz, Chingaza y Cruz Verde, los dos últimos están en riesgo declarado.

Medellín no es la excepción, pues el agua de la ciudad llega desde el páramo de Belmira, mientras que el páramo de Santurbán (también en riesgo por proyectos mineros de oro) abastece de agua a Bucaramanga. El Parque Nacional Natural Farallones de Cali, donde se encuentra el piso térmico del páramo y desde donde nacen más de 30 ríos cumple la función vital de ser manantiales de agua para la capital, también está amenazado.

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Colombia posee cerca de tres millones de hectáreas en ecosistemas de páramos, lo que corresponde al 2,5 % del territorio continental. Casi una tercera parte de las poblaciones del país conviven con los páramos y los frailejones, pues de los 1.123 municipios de Colombia, 400 tienen jurisdicción en páramo: 36 % del total. Como si fuera poco de estos municipios, 10 de ellos tienen más del 70 % de su área en este ecosistema.

De acuerdo con el Instituto Humboldt de las 3.000 especies registradas para el páramo, 60% de estas se encuentran bajo alguna categoría de amenaza, mientras que 13 de las especies registradas están en peligro crítico de extinción, 59 en peligro y 22 vulnerables.

La situación es delicada, pues allí se forman las poblaciones de frailejones, lagunas, charcos y espacios con musgo, que ayuda a guardar agua como una esponja.

Los frailejones son posiblemente las plantas más representativas de los páramos colombianos, y cumplen un rol fundamental en el sostenimiento de los mismos, por lo que la amenaza del cambio climático recae directamente sobre ellos. Colombia tiene tantos frailejones que en el país se han reportado 88 de las 144 especies conocidas. Y todas ellas están bajo amenaza en caso de que el cambio climático siga su curso.

El cambio climático amenaza al Frailejón Ernesto Pérez

Pese a que la ley 99 de 1993 fundamentó la política ambiental del país y reconoció a los páramos como objeto de protección ambiental, ofreciendo así herramientas legales para su cuidado y resguardo de actividades humanas que implican riesgos para su funcionamiento, la situación no mejora.

De acuerdo con la BBC, los científicos que investigan el futuro del suministro de agua en los Andes están cada vez más preocupados porque ciudades como Quito y Bogotá, que se encuentran a una gran altura, y que pueden verse afectadas por las crecientes temperaturas que están secando los páramos.

Un gran problema que enfrentan los páramos es que las temperaturas globales más altas podrían secar su suelo y su vegetación, y por lo tanto reducir su capacidad de atrapar los excedentes de agua en la temporada de lluvias y liberarla en la estación seca.

Los frailejones, la planta más característica de los páramos, están en constante peligro. Esta pequeña especie de tallo grueso y hojas verdes cumple funciones de provisión continua de agua, almacenamiento de carbono atmosférico (que ayuda a controlar el calentamiento global) y regulación de recursos hídricos.

El metabolismo de este tipo de ecosistemas es lento por las bajas temperaturas y el poco oxígeno, debido a la altura a la que se encuentran, y cualquier alteración física o en la temperatura, aseguran los estudiosos, tomará periodos de tiempo prolongados para su recuperación.

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Pero para el profesor Carlos Rivera, director del Departamento de Biología de la Universidad Javeriana, hay indicadores de afectación de estos ecosistemas que van más allá. El docente pone sobre la mesa los efectos de la industrialización y la contaminación en el planeta. “En los últimos 50 años se liberaron muchos contaminantes a la atmósfera, algunos de estos ricos en nitrógeno y azufre. Eso causó que a escala global cayera mucha lluvia ácida en los ecosistemas”, afirma.

La situación es tan delicada que los cálculos matemáticos de los expertos indican que para 2040, en menos de 20 años, la nieve y los páramos pueden desaparecer por completo del territorio colombiano.

De acuerdo con un informe publicado por la Universidad Nacional, el acelerado cambio climático que enfrenta el planeta ocasionaría que estos ecosistemas, junto con el Frailejón Ernesto Pérez y todos sus semejantes, pierdan su capacidad de adaptarse, y por lo tanto podrían extinguirse.

Además, aseguran los cálculos, para finales de siglo se crearían las condiciones climáticas óptimas para que se formen desiertos, y habría un notable incremento de bosque tropical seco, que dejaría el territorio más expuesto a incendios en la cobertura vegetal.

Esto no es ciencia ficción. El cambio climático está matando a los frailejones y con ellos el acceso al agua de los colombianos. Según el cuarto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), el clima favorable para cultivos se reduciría dejando solo el 21 % del agua total del país para usos agrícolas. Para entonces lo habitual será que se presenten temperaturas más altas y poca lluvia.

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